-Bueno, la semana entrante la voy a buscar, la comienzó a mirar y te cuento, pero por lo pronto no me cuentes más ya es suficiente y mejor es que la descubra, no seas ansioso, o por lo menos no lo seas con esto, ok?.
El teléfono se cortó, siempre fue mi manía de dejar a las personas hablando del otro lado, y al instante me subía al auto para irme a las Cataratas del Iguazú. En la espera AM, Serge y Matías. Mi mente cambio en un segundo, el cinturón de seguridad, las luces largas y el camino. Una sensación que me transporta. La ruta es a mi persona un bálsamo aliviador, salvador, cicatrizador. El rumbo de cero a mil setecientos kilómetros me daba la oportunidad de repensarme en mis alegrías y tristezas recientes. Como un contador de vida pasaban por ante mi mente los hechos y momentos recientes. Este año en mitad de vida y mi vida en su casi la mitad. El viajero ama esa sensación de comer sus kilómetros y respirarse hoy aquí y mañana por otros lares. En esa magia el ejercicio de reconocerse a uno, de mirarse y de disfrutar. Lo simple de un café caliente entre las manos de un invierno o la magia de un color topacio intenso te salvan. Había conocido las cataratas por el año 1992 con el grupo misionero Pachacamac en un viaje que se realizó a la provincia de Misiones para un encuentro de grupos misioneros de todo el país. Esa experiencia fue muy interesante, pues la mayoría de dichos grupos eran católicos practicantes, a diferencia del nuestro, en el cual la religión no era un principio de importancia y si en cambio lo era la solidaridad. El grupo pasó por dicha experiencia con un resultado de relevancia. Y tras estar unos días en Posadas se dio la posibilidad de ir a conocer las cataratas. Dieciséis años más tarde me encontraba en la misma carretera para repetir el trayecto pero en un marco diferente. Algunas de las cosas de la vida bien, otras mejor y otras lejos. Viajes, minutos y horas de pensamientos, amigos que quedan en distintos lugares e historias que se conocen.
Como no me va a doler que sea así. Siempre duele pero cuanto más cuando uno sabe que el otro sabe, cuando uno encuentra en el brillo de los ojos del otro el brillo de la pena de saber que se es conciente de lugar y situación. Minutos antes de las diez de la noche Javier llegaba a su lugar de trabajo, educadamente saludaba a todos los presente y tomaba la posta. Desde ese instante el movimiento del reloj se configuraba en el carcelero de su destino. Cara de rasgos de pertenecer a algo. Modales de tomar nota. Ritmo calcino hasta sufrir. Y una de esas noches en que a Matías y mi se nos daba por sentir que era pronto para dormir nos sentamos en su mesa y nos tomamos unas cervezas. Le invitamos y le dimos charla, lo llevamos lentamente al relax de no tener obligación y a la reiteración logramos que brindara con nosotros. Nacido en Puerto Iguazú un día de lluvia del año 1986 no fue bautizado como Diego Armando por ser su madre de nacionalidad paraguaya, de Ciudad del Este y su padre de nacionalidad desconocida, como mucho de la zona. Criado y forjado con la tierra ardida y la margen fronteriza del río, fueron sus hermanos la sal de la vida. Temprano se quedo solo con ellos y con la vida en el lomo. Suerte que el desarme le dejo una hermana con brazos grandes y ganas de abrazarlo y con la cual convive junto a sus cinco sobrinos y un cuñado dulce y laborioso. No podía evitar mirarlo a los ojos y hacer lo mismo con Matías. Casi de la misma edad. Casi igualitos. Casi. Y con la charla la certeza de saber que ese “casi” era inexistente en oportunidades. Hablamos de muchas cosas referentes a la provincia, la forma de vivir de la gente, las oportunidades y los sueños. Su vos gozo de la autonomía de frecuencia en tiempo eterno. Sus opiniones tranquilas y pausadas nos invadían. Como un procesador nuestras mentes leían entre líneas lo que narraba y lo transportaban, subían y bajaban pensamientos, angustias e impotencias de tocar nuevamente la realidad conocida. Para Todos Todo muriendo en el cajón, el Quijote guillotinado en el lavadero y mi corazón pequeñito en mi mano izquierda. Dos personas de la misma edad con panoramas de vida deferente por solo haber nacido en lugares diferentes. Y uno del Reino Unido con uno de Pakistán y otro de EEUU con uno de Afganistán y etc., la historia de siempre. YA LO SE, SIEMPRE LO SUPE. Pero igualmente me cae mal, el día que no sea así espero que sea porque no exista más ese cuadro, si algún día me resulta indiferente será por tener muerto el corazón (que ni “dios” lo permita).

El despertador y momento de retornar al trabajo, regreso a la rutina. Recuerdo a Javier y su historia. Me acuerdo de su sonrisa, de su inocencia, de su idea de ir a la capital. Surge en recuerdo esta letra de Gieco:
"Carito"
"Sentado solo en un banco en la ciudad
con tu mirada recordando el litoral
tu suerte quiso estar partida
mitad verdad mitad mentira
como esperanza de los pobres prometida
Andando solo bajo la llovizna gris
fingiendo duro que tu vida fue de aquí
Por qué cambiaste un mar de gente
por donde gobierna la flor
mirá que el río nunca regaló el color
Carito, suelta tu pena
se haga diamante tu lágrima
entre mis cuerdas
Carito, suelta tu piedra
para volar como el zorzal
en primavera
En Buenos Aires los zapatos son modernos
pero no lucen como en la plaza de un pueblo
Deja que tu luz chiquitita
hable en secreto a la canción
para que te ilumine un poco más el sol
Cualquier semilla cuando es planta quiere ver
la misma estrella de aquel atardecer
que la salvó del pico agudo
refugiándola al oscuro
de la gaviota arrasadora de los surcos
Carito, yo soy tu amigo
me ofrezco árbol
para tu nido
Carito, suelta tu canto
que el abanico en mi acordeón
lo está esperando"
http://www.youtube.com/watch?v=WpMSNgbazqg
....bajo la llovizna gris.
2 comentarios:
Andando solo bajo la llovizna gris.. asi descubro en tus letras, un hombre que siente. Heridas de guerra! cada batalla queda en esa piel...
Pucha que me entristeció esto.
Vengo de capa caída, desde post atrás, pero esta historia me llena de pena, porque tenés razón.
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