lunes, octubre 12, 2009

De cuando el silencio es tan profundo que podes escuchar el ritmo de tu latir..

Hacia un par de días que quería escribir algo respecto a la muerte de Mercedes Sosa. Nada en particular a la misma que no sea lo que conocemos aquellos que nos interesamos por artistas que trascienden su arte e involucran su vida en el hacer popular. En realidad mi necesidad de escribir estaba relacionada con la indignación que generan ciertas imágenes y con la imposibilidad general de analisis un poco más profundos. Pero la vida que tiene dedos mágicos toco la puerta nuevamente mientras estaba cómodamente en el sillón de mi casa el jueves proximo pasado. Sonó el teléfono, era Ariadna, no nos hablamos muy seguido, pero con esto del viaje es que no me resulto extraño su llamado. Al escucharla instantáneamente descubrí algo de fondo en una voz ajetreada por la intención de hacer algo. Una voz que se entrecortaba y describía un cuadro confuso y del cual me pedía que participara. Me quedo en los oídos su pedido de pasarla a buscar por el supermercado del centro, que ella estaría ahí con un amigo al cual debía llevar a su casa con las compras hechas en conjunto. Intuia que todo era el resultado de un acto noble. Deje mis cosas, me subí al auto y fui a buscarlos. Como siempre el centro de Tandil estaba imposible, pero logre detener el auto a unos diez metros de la puerta del súper. La vi a Ari y le toque bocina, tres segundos después ella, un nene y un carro lleno de bolsas estaban en camino. Descendí del auto abrí el baúl y los espere. – Él es Oscarcito, me dijo- y el pequeño con el corazón abierto me dio un beso. Lo salude con toda naturalidad, mi cuadro presunto se confirmaba. Cargamos todo y arriba. Al tomar marcha Ari intento comentarme de lo que estaba ocurriendo, pero a la quinta palabra se dio cuenta que era innecesario, que la lectura estaba hecha. Hablamos con él de él y respecto de las cosas importantes. Que mama, que papa, que los hermanitos, que la vida difícil, que la hermana incapacitada, que la garrafa, que si se le daría algo que sean pañales para su hermana de dos meses. Y entre todo eso el auto en dirección a su casa. Llegamos y sin mayor acto conocimos a su mama, bajamos las cosas y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en retorno. El silencio era absoluto y solo las lagrimas de Ari dieron el pie a la charla. Me comento que lo había encontrado en la agencia de turismo en la cual consultamos por los aéreos a India, que tras ser preguntado había sostenido haber injerido un pancho y nada más en la totalidad del día. Que automáticamente lo tomo de la mano y lo llevo al súper, todo en un marco simple. Que ahí fue donde me llamo. Que en el relato encontró una madre con seis hijos, una hermana mayor con quince años y limitaciones de comprensión, un padre alcohólico que se había marchado y que en él la palabra de trasmitir un mejor estar por ese cuadro… “porque cuando tomaba se ponía violento y le pegaba a mama y a veces a nosotros cuando nos poníamos al medio. Entonces es mejor que se fuera de casa, porque la bebida le hace mal”… había sostenido en sus once años. Y entonteces todos los días a la escuela y después a vender unos adornos de cerámica que su madre y hermana pintan a diario. Con eso se pagaría la luz y la garrafa de la casa compartida en que viven. Más cosas en su relato. Su pedido de pensar en sus hermanos antes que en él al momento de comprar galletitas y así más. “Voy a llevarte el boletín para que veas que yo estudio y que me va bien” juro a Ariadna. La inocencia robada. Como no pensar en Mercedes Sosa, en Violeta Parra, en el Padre Mujica, en Schindler, en Víctor Jara, en todos aquellos que he citado en todos mis escritos. Y en como todo se fue uniendo. Días atrás despotricaba en mi casa al ver a Mirta Legrand haciendo una mesa en homenaje a Mercedes Sosa, siendo una de una vida dada al compromiso social y la otra el representante máxime de la derecha burguesa. Esa misma que meses atrás sostenía la innecesariedad de la visita de la primer mandataria de Argentina a Honduras ante un hecho que no nos tiene que importar (golpe de estado) mientras almorzaba con Macri. Y ahora me encontraba vacío en mi casa sin poder dejar de pensar en ese niño, en esos niños. En ese sueño social que duerme en los cajones, como escribí en la entrada anterior. Ahora esos niños tienen a Ariadna y con ella a mí, y desde ahí a Lucas y a Palo y a tantos otros que vamos a tratar de hacer para él y su familia un mundo mejor en este “Tandil Soñado”… que es el slogan mentiroso que heredamos al estilo “Va a estar bueno Buenos Aires”, es decir, mierda de los políticos de mierda que tenemos. Ahora un camino para hacer, un trabajo para desarrollar a ese niño sin afectarlo violentamente. Y sin dudas en mis dedos la alegría de saber que siempre hable de lo que quería hablar de Mercedes Sosa, que no es sino su eterno compromiso social. En su voz la semilla que broto en este hecho, en su voz el mensaje de esperanza que se apoya en el apoyarse unos con otros, para que aquellos que podemos podamos, para que aquellos que tenemos con que hagamos que el camino de los “oscarcitos” sea menos difícil y que se vuelva posible. En el silencio de mi casa la imagen de ese niño. En la imagen de ese niño canciones, films, literatura y actos que hacen de un grupo de persona soñadores de un mañana mejor haciendo nuestras pequeñas e inmensas revoluciones…..

Juan Martín