miércoles, junio 04, 2008

Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes

“En las afueras del pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río, uniendo las quintas al campo tranquilo.
Aquel día, como de costumbre, había yo venido a esconderme bajo la sombra fresca de la piedra, a fin de pescar algunos bagrecitos, que luego cambiaría al pulpero de "La Blanqueada" por golosinas, cigarrillos o unos centavos.”.


Comenzaba mi encuentro real con la literatura y la imaginación. Por ese tiempo cursaba el segundo año en el colegio San José de Tandil y a leer el “Don Segundo Sombra”. Obra gaucha por excelencia que narra las vivencias de un paisano por la zona de mi provincia. Relato atrapante y descriptivo de la tierra que años mas tarde transite con mis pasos de buscador. En el ancho de sus campos vi matices que me generaron amor por la naturaleza y lo simplista. Caras cansadas y almas amables se encuentran en la misma. También encontré hermanos.

“Sin apuros, la caña de pescar al hombro, zarandeando irreverentemente mis pequeñas víctimas, me dirigí al pueblo. La calle estaba aún anegada por un reciente aguacero y tenía yo que caminar cautelosamente para no sumirme en el barro, que se adhería con tenacidad a mis alpargatas amenazando dejarme descalzo.
Sin pensamientos seguí la pequeña huella que, vecina a los cercos de cinacina, espinilla o tuna, iba buscando las lomitas como las liebres para correr por lo parejo.”.


Tomamos las bicicletas nos fuimos. Nato, Tonio, Maxi, Javier, Diego y yo. La dirección fue destino base aérea, pasando Loimar unos kilómetros más nos metimos. Tonio conocía el cause de un arroyo que “tenia pique”. Llegamos a eso de las 2 de la tarde. Verano. Cartas y pesca nocturna. Principio de un vicio de timba que aprendimos en el club del barrio y que nos acompaño en la adolescencia, en la facultad y en los actuales asados de sábado por la trasnoche de amigos. Por aquel entonces era solo cuestión de truco por algún alfajor, mas tarde fue por algun peso de curso legal, hoy ya es Tute y Mus por mentiras y gritos, que más da. La pesca fue lindísima. Suerte que Tonio nos daba las indicaciones, por esos tiempos no me gustaba sacar bagres por sus durezas que usan como defensa y que al pincharte arden de un modo descomunal. La noche fue divertida y el domingo a volver a casa. Que momento increíble no tendríamos mas de 11 años y en bicicleta y por la ruta nos fuimos de campamento, sin necesidad de nada mas que nuestra decisión.


“Como un turco me eché a la espalda recado y ropa. Medio dormido llegué al corralón, enfrené mi petiso, lo ensillé y, abriendo la gran puerta del fondo, gané la calle. Experimentaba una satisfacción desconocida, la satisfacción de estar libre.
El pueblo dormía aún a puños cerrados y dirigí mi petiso al tranco, singularmente sonoro, hacia la cochera de Torres, donde pediría me entregasen el otro petiso, que allí hacía guardar Festal chico. Un gallo cantó. Alboreaba imperceptiblemente.”

La potencia se hacia sentir y el pájaro se inquietaba por demostrar que su poder era inigualable. Te mire en el recuerdo. Te mire como quien ve a su fantasma antes de morir. Tu imagen me recorrió. Me vengue haciéndome sufrir, cosas que solo se entienden con el tiempo y la llegada de los otoños. Me vengue de vos como si fuera necesario hacerlo. Corrí. Ya no era ese niño que disfrutaba de la sensación de la libertad en sus manos, era ya un hombre que por despecho se dejaba ir. Hombre que resiste para no caer. Torpe y simple hombre. Hombre que no encuentra en si mismo la respuesta a los interrogantes y que se plantea la vida, que intenta responder aun con errores a la impotencia de lo que lo vence.

“Aunque fuera temeridad mi intento y él tuviera cierta responsabilidad con el dueño de la hacienda, no me dijo nada. Un hombre en la pampa sabe mirar a otro hombre y comprende lo irreparable de ciertas decisiones.”.

Y en la vuelta de la vida aquellos niños jugando ya se fueron convirtiendo en grandes y mas tarde en hombres, adjudicándoseles obligaciones y responsabilidades. Por ahí se escucha la vos de Zoe que me dice al pasar que su papa es domador de jabalíes, y mientras miro de reojo a Tonio y sonrió, le contesto que más que eso, que es un domador de la vida y entre charla y charla soñamos con nuestro sueño de vivir en paz. Que un molino aquí, que un juego de bochas por allá. Me eriza la piel. Y Maxi me escribe desde Madrid, y que ahí va, remontando la vida, como puede, pero siempre argentino, vio. Nato que vuela por lo bajo me llama para un café el sábado y mejor le retruco con un asado en lo de Tonio, quien pone casa y carne, que fácil así resulta invitar, me dice y es verdad. Códigos de amigos que cosechamos juntos.

"La silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada. Pensé que era muy pronto. Sin embargo, era él, lo sentía porque a pesar de la distancia no estaba lejos. Mi vista se ceñía enérgicamente sobre aquel pequeño movimiento en la pampa somnoliente. Ya iba a llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se aferraron con afán de hacer perdurar aquel rezago. Inútil, algo nublaba mi vista, tal vez el esfuerzo, y una luz llena de pequeñas vibraciones se extendió sobre la llanura. No sé que extraña sugestión me proponía la presencia ilimitada de un alma.
"Sombra", me repetí. Después pensé casi violentamente en mi padre adoptivo. ¿Rezar? ¿Dejar sencillamente fluir mi tristeza? No sé cuántas cosas se amontonaron en mi soledad. Pero eran cosas que un hombre jamás se confiesa.
Centrando mi voluntad en la ejecución de los pequeños hechos, di vuelta a mi caballo y, lentamente, me fui para las casas.
Me fui, como quien se desangra.
La Porteña, marzo de 1926."

Y se me fue dando y quitando. La vida solita ha decidido siempre cuando era cuando y con las manos en guardia nunca me dejo encontrarla. Pocos libros me marcaron tanto con sus finales casi vivénciales. “La Hora 25” con su “keep smile, please” y este terminar de “Don Segundo Sombra” con su “Me fui, como quien se desangra.”. En mi vida di vuelta unas cuantas veces mi caballo y me fui, así, lentamente desapareciendo de la imagen que me atormento. Lentamente me fui en la memoria en aquella noche en que la nada se lo llevo todo dejándome vació de amor y cuidado. Lentamente te vi. desaparecer entre los coches esa tarde de invierno que sucedió no hace mucho atrás. Lentamente, como para saborear las cosas hasta el final y después lo de siempre, a seguir sonriendo que todo continua, que el mundo se empeña en seguir girando, que todo desconoce lo que te daña, que el mundo es así. Gracias que uno escapa con pequeñas tonteras, como esta de escribir un poco, de leer otro tanto, de poner la pava en la cocina y sentarse en la inmensidad de la soledad a encontrar y mientras afuera el mundo cruje, se pelea y se aleja. Milagro de la resurrección.
Tandil, Junio de 2008.

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