Y ojo que no se trata de nada especialmente magnifico, es un simplismo, algo que sorprendería. Es un deseo, es algo que se quiere, se comprende fácilmente. Y siempre que pasa un tren se me da por pedirlo, por cerrar los ojos y dejar que el sonido que las vías oprimidas generan por el peso de los kilos de los vagones maniatados por hierro me indique el plazo de petición. Y ya sea caminando o en el asiento de mi coche me siento como ese niño que ponía piedras para que el filo de la rueda las destrozara dejando un olor particular de granito y un polvo claro, casi de talco, rondando por la zona de choque. Cierro los ojos y lo repito y lo repito, y mi deseo sale a buscarse, sale a verse a si mismo en el día a día. Claro que con esto de las privatizaciones y la tristeza de las locomotoras que duermen en galpones raídos por el tiempo es que mi deseo es cada vez menos invocado……

http://www.youtube.com/watch?v=rSzGF0MDsjI
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