lunes, diciembre 13, 2010

Hace un año el avión de Ryanair tocaba suelo en Fez y llegábamos a un mundo del cual teníamos pleno desconocimiento. Salimos del Airbus 320 por la escalera trasera y un modesto pero coqueto aeropuerto nos recibió en suelo africano. Lejos de la organización que nos marco en el trayecto en que Ari se nos unió fue que salimos con Luquitas sin saber donde ir. En la puerta los típicos porteadores de valijas y taxistas de ocasión. Unos cuantos españoles merodeaban y nos unimos a ellos en su búsqueda del “autocar” que llega a la estación de trenes para luego rentar un taxi y llegar a la “medina”. “Venga tíos que es mejor ser más”, nos dijo uno de ellos mientras otros reían con los taxistas y sus ofertas. “Venga que es mi cuarta vez en este aeropuerto y ya le se las manías a estos tíos”, y si que las conocía, le seguimos y todo fue como lo marco. Cinco españoles, un “vasco” y dos argentinos en un colectivo algo vetusto de film perdido en el interior de un mundo lejano con posibilidad de ser Kazajstán, Turquía, el interior de los Balcanes y, pues claro, Marruecos. Las ventanillas sin vidrio y la mirada de los jóvenes marroquíes nos fueron impresionando. Con mi pequeña experiencia acuesta y la curiosidad que llevo en la piel, es que relojeaba a Luquitas cada tanto, explorando su expresión. De su fábrica de pastas y la chevy a las luces de Ezeiza, la llegada a Madrid, las calles de esta ciudad increíble y la vida por conocer en un primer mundo de segundo nivel para luego caminar entre musulmanes. Como ir cambiando el chip en cada lugar y no enloquecerse. De la magia de volar por primer vez a viajar en un colectivo que a más de 80 kilómetros parecía perder sus chapas laterales. Que fuerte, pensaba mientras miraba la imagen completa.  
El revisionismo histórico de diez días era fuente suficiente para advertir la trascendencia que ese viaje tendría en nosotros. Buscando en mis notas me descubro en ese día y decía.....“A la T2 de Barajas y a Marruecos… -A donde vamos Messi (tomo la costumbre de llamarme así), tenes idea?; -Que va Luquitas, ni la menor idea, pero algo va a salir!... y mierda si salio que ya heredamos un millón de amigos… y es que ni bien aterrizamos en Fez nos topamos con un Vasco que estaba solo y nos agrupamos para más tarde, en la parada del Bus, anudarnos con 5 españolitos de cercanías a Murcia. En un abrir y cerrar de de ojos habíamos dejado Europa para pisar África del Norte y con seis costillares más, toda una bandada. Entre ellos decidieron el futuro y nos marchamos a la Ciudad Vieja de Fez. Todas las ciudades de Marruecos tienen lo que ellos denominan “La Medina” y es la ciudad vieja que esta dentro del muro de protección, ello a tenor de tiempos pasados donde eran atacados continuamente por los Bereberes, que habitan en el desierto aun hoy día, pero que ya son parte de la misma nación. Entonces del aeropuerto nos tomamos un bus de 3,4 dirhams y nos bajamos en la estación de trenes para tomar unos “petit taxi” y por 10 dirhams llegar a la puerta más importante de La Medina de Fez. Ni bien pusimos un pie en la calle comenzó un autentico juego de puja por el coste del hotel. Todos indicándote el camino a tomar, el hotel a contratar, la comida a comer. A los 15 minutos el hacha Testa y él que suscribe comenzamos nuestro autentico peregrinar de miradas violentas a los marroquíes. Los europeos mansos y amantes de la paz social poseen un grado de tolerancia superior al nuestro. Y no es que uno quiera andar peleándose con todos por ahí, sino que uno no quiere que le metan mano. Si hablan no hay problema, pero ya la tocadita nos hace rayar la cucuza. Pero por suerte los españoles (lo cual excluye al Vasco, que se siente vasco y no español) optaron por un Hotel de 40 dirhams, es decir 4 eurillos. Dos habitaciones: 1 para 5 y otra para 3. Clavado los españoles en una y el vasco con nos en otra. Genial. Dejamos las cosas y nos fuimos a caminar por La Medina de noche.”
Continua la nota, se vuelve única al romanticismo de una noche entre muros de siglos pasados. Mucha magia en esas paredes de barro que se traslada a esta mañana de un año después. En la tranquilidad de Tandil se siente el eco que obliga a nuevas ilusiones mientras continuo disfrutando lo vivido. La paz de un amor que me hace feliz y el todo alineado en buena sensación. Afuera el mundo continua.
Juan Martín.

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