viernes, octubre 29, 2010

La Lucha.

 Varios meses me separan de los días en Delhi. Horas transcurridas desde nuestra vuelta. Lucas ya es padre y su mundo avanza felizmente. Algunas tardes me encuentro pensando en ese universo denominado India. Me tropiezo con él sistemáticamente en fotos, documentales y preguntas. El color de su tierra lejos de desdibujarse es que toma mayor intensidad. Cierro mis ojos y sin esfuerzo diviso en mi imaginario una postal de lo vivido. El tiempo actuando como un tamiz natural deja a la vista lo adquirido. Cuando a las 11 de la mañana me desasne de la muerte del ex presidente Néstor Kirschner relacione el hecho con esa latitud, mientras en mi mente la afirmación no se concretaba y el eco repetía aquel interrogante sobre la veracidad de la desaparición del único expresidente constitucional elegido por voto popular que nos quedaba vivo. Lejos de centrarme en la figura de este hombre solo lo hacia respecto del inmenso poder que contenía y su insignificancia frente a la muerte y al instante descubrí el motivo por el cual lo relacionaba con India. Esa sensación de cercanía entre la vida y la muerte, esa naturalidad con la que han sabido aceptar que es solo un momento, solo un instante en el aquí y ahora en que estamos vivos, ese sentir que se respira en ese universo. Por la mañana una colega me dijo “aun no me contaste nada de tu viaje por India”, por suerte pensé sin hablarle, pues le habría contado algo que ya no contaría. Con Lucas volamos a Madrid para luego conocer Marruecos, hacer escala en Londres y después si tocar tierra india. Los ojos a veces vendedores de humo pueden ser la trampa de la boca, pero el alma que todo lo ve tarde o temprano enseña a mirar. De los edificios y autos de Europa a las vacas en la mitad de la calle.

¿Qué va a decir la boca en ese instante?, sin dudas tomara en cuenta lo que los ojos le dicen y sentirá que esta en un mundo perdido, en un espacio sin ley. Meses después la otra verdad te explota en idea ante hechos de la vida que ocurren en todos lados. La muerte como una flecha contra el transcurrir del tiempo pone detalles en el devenir de cada uno. En mi vida el 5 de Agosto de 1999 es un día imborrable.
Y este loco se murió a los 60 años, que increíble pensé. Si se murió.
Nada impidió que eso sucediera, como no pudo impedirlo aquel que llamaron Jesús, ni Chaplin, ni Tato, ni muchos otros, como tampoco podré evitarlo yo. Lo inevitable, parte de las generales de la ley. Y allí el sentir de los indios en ver la muerte como el acto natural que sucede después del nacer. Los muertos en brazo de sus deudos corriendo por Varanasi rumbo al crematorio. "¿Y fueron al crematorio?, Que asco” (más de uno exclamó). Créame que no. Y no es que con esto profese que la visión de los indios es mejor que la de los europeos, o inversa o lo que se quiera pensar, es tan solo advertir cuanto le cuesta a uno darse cuenta que eso que sabemos que puede suceder indefectiblemente va a suceder. Como la educación nos ha hecho sentir que la muerte pasa a lo lejos siendo que no es así.
Pero claro quien estudiaría, trabajaría o lucharía por algo si sabemos de antemano que la vida puede terminar en un instante, inconcientemente todos apostamos a la eternidad.
La lucha es de uno mismo con lo que le enseñaron. La lucha es de uno mismo contra nuestra propia imagen en un auto lujoso. La lucha es de uno contra el entender que no importa tener más, sino disfrutarse.
Si mañana a uno le informan que su vida va a terminar intempestivamente porque padece una enfermedad terminal, ¿Qué haría?, seguramente existirán diversas respuestas, pero la mayoría desataría su vida a un disfrute total. Todo esto me genera planteos y necesidad de un pensar en silencio como uno esta viviendo. Sobre eso solo se que cada día hago algo puro para mi……………….     

Juan Martín.

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