martes, julio 17, 2007

Poder de imagen

Me tomo unos buenos mates, que contra este frío se presentan como una excelensitima opción, y me pongo a escribir un ratito, sin tema elegido será cuestión que este se desemboque solo en el puerto de mi PC. Así las cosas me voy definiendo por colgar un par de fotos que me diviertan (el consumidor requiere chusmerio) y voy a poner las fotos que mas me gustaron de mi recorrida por Argentina, Bolivia, Perú y Chile junto a los Milani´s Boys y de paso puedo recordar un poco esta aventura que tanto me lleno el alma. Dejo en claro que son aquellas que reflejan algun detalle y no de los encantadores lugares, las cuales quedaran para una proxima edición.
Salimos en diciembre unos cinco días antes de año nuevo con la meta de estar el día 31 en la ciudad de Salta, pues allí vive un pariente de un amigo. La idea de estar año nuevo en Salta nos pareció genial y por eso es que nos contactamos con nuestro amigo para que este, a su vez, se contacte con su pariente y así nos recibiera con los brazos abiertos. Así fue que aproximadamente a las 20:00 hs. del ultimo día del año por morir llegamos a Salta, luego de recorrer un poco las zonas aledañas fue que frenamos en pleno centro en una estación de servicio. La ciudad, como sucede con las capitales del interior, posee un encanto extraordinario y colonial, con sus calles y casa bajas que dan un aspecto acogedor. La gente, que a esa altura del país, posee mas rasgos autóctonos observa a los foráneos con cierto sentimiento de desconfianza, no es para menos, creo que ante un paneo simple se advierte que la cúpula política y la clase social alta esta compuesta en un casi total porcentaje por gente que no tiene esos caracteres autóctonos. Así la cosa me coloque en la cabina telefónica y llame a la persona referenciada y el fruto de ello es la primera foto que deseo colocar, ahí se puede desasnar el lector del recibimiento y la calidez con la cual fuimos acogidos para ese fin de año:

Como que no entiende, es simple pasamos año nuevo en la estación de servicio. Pero como todo siempre va a mejor puedo decir que aquella noche fue una de las mas divertidas que pase en mi vida, ya que debimos salir a explorar la nocturnidad de Salta “La Linda”, hoy a tanto tiempo vista lamento no tener foto del despertar de aquella noche, solo voy a hacer una breve descripción con los siguientes datos:
avenida más importante de la ciudad;
siendo las dos de la tarde y bajo un sol incinerante;
tres humanos durmiendo en el interior de un vehículo;
ventanilla lindante a la avenida abierta y un pie saliendo de ella unos veinte centímetros.
Y ahí dejo planteado el juego, usted arme su propia aventura con esos elementos y remita sus idea de ello, quizás así podremos llegar a saber lo que realmente paso esa noche, pues ninguno de los tres ha sabido a ciencia cierta decir lo que efectivamente hicimos en ese trip nocturno de bares y amistades nuevas. (para la absolusión como mínimo 40 padre nuestro y 25 ave maría para arrancar).
Luego retomamos la marcha y con el año nuevo en curso nos fuimos a Jujuy.

La siguiente foto que deseo colgar es una foto de sentimiento. Y es que después de la noche en Salta surgió en nosotros un animo gitanesco infrenable y de ahí que convertimos el auto en una casilla rodante sin intención de abandonarlo por noches y noches, recuerdesé que nos fuimos con mil dólares, es decir justicisimos. Al llegar a La Quiaca paramos en una estación de servicio YPF muy precaria, al entrar salio a nuestro encuentro una señora de unos cincuenta años y curtida, como mínimo, por otra década mas. Fue un ángel, un ser humano extraordinario, y su historia me movilizo profundamente, pues ella no conocía el egoísmo y crean que así era. La cuestión era que a los quince minutos estábamos los tres sentados con un café con leche y pan en las manos, pero ese no fue el acto que determino su carácter de ángel de la vida, sino su amor por su hijo menor, al cual le habían detectado asma y le habían determinado la necesidad de vivir en una ciudad donde el clima no sea tan agresivo. Con ese panorama su vida transcurría de mes en mes alternando con su marido al cuidado de su hijo que vivía en Tucumán, por lo que ella pasaba un mes en cada ciudad y tan solo compartía al mes con su marido tres días en común, cuando dejaban la estación de servicio a cargo de su único empleado. Cuando retomamos la ruta no pude parar de pensar en ella y fue un tema de conversación profundo. Cuando hipotecar la vida vale la pena, que importaba para ella, el amor, su amor de madre, era todo lo necesariamente fuerte como para dejar a un costado estos planteos. Como no pensarlo tan profundamente una persona como yo que no encontró en su mundo ese carácter esencial que hace a casi todas las mujeres. La vida me enviaba ese mensaje en su máxima expresión. Una madre aferrada al amor.


La proxima foto que citare es un poco de lo que uno puede sentir cuando esta varios días en la ruta y es que el mundo parece tan grande y de pronto te das cuenta que podes andar por el mucho mas fácil de lo pensado. Y en ese transcurrir de kilómetros la vida se vuelve en palabras y charlas, en formas de verla, en muchas formas distinta de verla, pero de pronto en ese devenir de cosas todos nos quedamos estupefactos ante la idea de estar tan altos de girar sobre la tierra como el mismisimo sol, y vaya si no parecia esto en la foto que brillantemente obtuvo Lucho. Bellísima foto que refleja parte de lo que uno obtiene cuando anda y anda, un reflejo de su imagen.

Esta foto es mágica, las alturas en que viajábamos y el sol ahí de un lado imponente, al pasar al otro lado de la montaña la oscuridad casi absoluta, la sombra de la ladera como un mensaje de frió que calaba en los huesos. Como presas de un animal superior éramos alcanzados y liberados del sol por la montaña que nos daba su complicidad para sentir que podíamos jugar un poco.
Ahora llega una de las más importantes ya que después de andar unos cuantos kilómetros por caminos pocos recomendables el auto acuso un problema de perdida de agua y una piedra daño el radiador. Como explicar la situación, claro es que todas las palabras están escritas y uno las puede consultar en el diccionario y uniéndolas hacer una oración, pero la carga emotiva de ellas se torna intransferible por momentos, de igual modo para mostrar un poco el cuadro recordare que nos encontrábamos en Bolivia en caminos que no podían circularse a mas de 30 kilómetros por hora, en las ultimas 16 horas de viaje no habíamos cruzado ningún automóvil, el auto comenzó a recalentar y perdía mucho agua, cada media hora teníamos que parar a ponerle agua, en conclusión no podíamos continuar. Llegamos a Tupiza, que nos fue sindicada como gran ciudad, al llegar comprendimos que estábamos perdidos y para colmo era domingo. La cuestión es que pare un taxista (eran tres en todo Tupiza, una ciudad de unos 23.000 habitantes y no mas de 400 vehículos) y me indico quien podía llegar arreglar el radiador.
Llegamos al lugar y golpeamos las palmas, nadie salía, hasta que un joven se apareció, tenia una resaca terrible, le informamos de nuestro estado desesperante y nos acompaño una cuadra hacia abajo a su casa, donde estaba su padre que era el “dios” del momento. No es necesario pero se aclarar que la precariedad lo era en todo. El buen hombre apareció y se encarno en ese ser supremo que necesitábamos, desarmo a los tirones el radiador (le daba unos tirones mientras yo le decía que estaba aun unido al sistema por la manguera inferior), lo arreglo y lo coloco, llevo casi todo el día y más teniendo en cuenta que no tenia herramientas algunas. Se improviso con ladrillos de barro una rampa para poder trabajar desde abajo. Una tarea descomunal. Cuando terminamos lo llame aparte, y luego de agradecerle plenamente le consulte lo que le debía, me cobro cinco dólares y no acepto un peso más. Ser noble. Estamos en la foto con su hijo. Un retrato de familia. El abrazo marca el agradecimiento.

Continuando con el carisma y la forma de la gente, que sin dudas es lo mas atractivo de un viaje, es esta foto, que su forma lo resume todo. En la misma se ve una familia en la plaza central de Cusco (ciudad inigualable por su misticismo). El nombre de esa foto es “Las voces de mi madre”, sin dudas su textura me recordó al Cid Campeador, a la modalidad de la oratoria como método de educación. Esa madre contando casi cantando una historia a sus hijos, los cuales la escuchan y saben que en su accionar va inserto un mensaje de vida. Gente pobre y sufrida, marginal en sus tierras. Conocen de derrotas y despojos y también de insistir en la historia. Ellos si que recuerdan los más de quinientos años que en otros lugares nos enseñan a festejar. Esa madre les habla a sus hijos y ellos le escuchan, como su madre supo escuchar a la suya y así de generación en generación. Es la mejor de las fotos con la que regresamos del viaje, su contenido es una descripción de un momento y acto puro de un pueblo que en pleno silencio continúa socavando la tierra para que vuelvan a florecer las raíces de su naturaleza inalterable. Que decir del menor de los hijos escapando del sol. Una postal genial. Si hasta la paloma de su nutre de las voces de la mujer.


Esta si que tiene color, le dimos de nombre “Los facheritos”. Termino argentino por excelencia. Esa foto es en la playa de Iquique, hermosa ciudad de Chile. Su belleza se fundamenta en estar acorralada entre la Los Andes y el Pacifico. Es como un gran barco que encallo en esas piedras y ya nunca pudo volver a zarpar. Es imponente verla aparecer cuando uno ingresa desde Perú, pues esta ahí abajo, a los pies de la cordillera cayéndose al mar. La noche anterior habíamos dormido en la aduana, pues no dio el tiempo para poder traspasarla y nuestros cuerpos estaban “arto” cansados. Buscamos un lugar para armar la carpa y un oficial carbinero nos indico donde podíamos. El tiempo nos dio para armarla y comer. No siendo más de las diez de la noche ya nos habíamos tirado en los catres improvisados. Nos desmayábamos del sueño cuando de pronto comenzamos a escuchar autos y autos que se aproximaban a la zona. En pocos minutos el lugar se lleno de adolescentes que montaban fiesta. Saque la cabeza una vez para pedir que guardaran un poco de silencio pero automáticamente comprendí que los que estábamos fuera de lugar éramos nosotros. Uno de ellos me llamo y me invito a tomar algo. Lucho y yo aceptamos, el “autista” ya estaba en transe. La cuestión es que los chicos se portaron de maravilla y nos atendieron. Nos educaron respecto a Chile y su historia reciente. Se hablo de la política militar y de la económica, se grito y se consenso. Súper interesante. Claro que apareció la guitarra y con ella los temas de soda y los Enanitos Verdes, verdaderos colonizadores de la América visitada. Las horas pasaron y se tomo demasiado. La foto denuncia ello, si amplían la misma van a descubrir caritas interesantes.

Como notaran las fotos se van relajando más y más, ya estábamos en el retorno y al pisar tierra Argentina nos sentimos alejados de los problemas que nos podían complicar en otras latitudes. Decidimos quedarnos en Mendoza un tiempo más que prudencial, como unas vacaciones de las vacaciones. Ya sin necesidad de andar nos instalamos en un camping y nos la montamos de turistas. En uno de esos recorridos nos fuimos de copas por los viñedos. En la Bodega López recorrimos y Lucho, que por esos momentos se enfrentaba a su ultimo año de facu, y por ende casi ingeniero en alimentos, se copo con la planta y se la recorrió toda. En eso de andar esperándolo nos separamos del grupo y quedamos huérfanos entre los toneles. De pronto sentimos un aroma increíblemente frutado, dulce y sirenico. Mire a mi costado y vi una persona retirando ese néctar de una barrica, me le acerque y me invito a probar, hice seña a los compañeros y nos tomamos unas jaritas de vino blanco de primera calidad. Ciertamente era exquisito. Teníamos ayuno y varias copas, pero era imposible no disfrutar del cuadro. Leo, Lucho y el anónimo trabajador que nos hizo feliz.

Esta última es de tres tipos bien vacacionados, quemaditos, en Mendoza, de comidita al disco, de buen rollito. Unos vinitos y ya descansados, amigos de Anita y su topa. En un buen cierre de recorrido la tranquilidad reflejada en nuestras caras. Sin dudas una de esas fotos que siempre voy a elegir. Al partir a esta aventura con Leandro ya teníamos varios años de vivir juntos, pero con Lucho eso no se había dado, por lo que este trip nos posibilito unirnos. En este viaje no todas las cosas fueron siempre a bien y el auto nos complico un poco con sus perdidas de agua, pero alternadamente cada uno de nosotros fue el puntal que sostuvo a los demás. Creo que en esa foto hay algo de la noche nueva en Salta, también un poco de la señora de la Quiaca, mucho de la cultura de las voces de las madres de América Latina. Un viaje hace eso, se te mete por los ojos y te empieza a ganar mas y mas el cuerpo, se te mete por las venas y te va llegando hasta el fondo, y tiempo después te sigue alimentando y te encuentras descubriendo mas y mas de lo que a simple vista fue un lugar. Detrás de una flor siempre hay mucho más que una flor. Podemos pasar por la vida y tan solo hacer eso o quizás vivirla. Los tres sin dudas tenemos en la memoria emotiva las maravillosas cosas que nos sucedieron y la calidad de las personas que conocimos. Salimos un día de Tandil con rumbo Machu Pichu y regresamos con muchas cosas únicas de la tierra en que vivimos. Algunas de esas cosas se ven en nuestras sonrisas. Caras de saber que todo fue como tenia que ir en un viaje que maduro su fruto.

1 comentario:

Paula dijo...

Ud sí que no se ha privado de nada!!!
Dicen que las personas del norte son cálidas como el clima que los azota.
Y las del sur, frías.

No se, pero mi flia materna vive en Tucumán y el relato que contó sobre la señora de Salta, y su calidez humana; me recordó a mis amados parientes!!!

Hermosas fotos!!!
Hermosas anécdotas!!!