jueves, junio 11, 2009

Ring...ring...

Un regreso que me alegra

En esta entrada intentare regresar algo más literato. Nada especial solo un poco menos frío y más pensante (dentro de los condicionantes propios). Estos días han pasado muy bien. Mi último posteo se lo pase a Kuka para que me lo mire un poco. La misma me efectuó correcciones en la conformación del escrito, correcciones que no publique, ya estaba así, pero correcciones que intento sean menos en esta oportunidad. Me referencio mi tendencia a dispersar la idea y hacer que el lector se termine perdiendo. Con ello la necesidad de oraciones más cortas. Lo estoy aplicando. Es jueves y son las 13.42, estoy en casa, el fútbol de los jueves se retrazo media hora a tenor que los judiciales ahora trabajan hasta las 14.00 hs.. Amelie duerme en el sillón, Maxi esta en lo de los abuelos y a la noche hay asado. Comienza el fin de semana largo.
De un intercambio de pensamientos surgieron algunas cosas que me gustan, como estas:

En un abrir y cerrar de ojos hay mucho para ver, solo necesitamos darnos cuenta. La luz entrando en mis pupilas, haciendo estallar colores. Lograr que el corazón tenga esa capacidad es una utopía, lo se. Soledad, esa palabra que contiene tanto en sus letras. Amante de la soledad en muchos momentos. Coqueteo con la soledad. Soledad que fue mutando hasta convertirse en la que me deja estar en un mismo espacio físico con otra soledad y de igual modo reconectarme. Un ida y vuelta de autismo y socialización. Parece algo muy crítico, pero no lo es, es esa capacidad de no interferir en el otro cuando el otro no quiere ser interferido. Los dos en un mismo cuarto, el mismo aire, pero en diferentes esferas, después el otro porcentaje, el de la conexión. Ni solo siempre, ni a tu lado siempre. Pero cuando no estoy con vos aun te amo. Disociar la posesión del amor.
Antoine me dio en los rizos de su Principito la omnipotencia de crear un mundo de asteroide, la cuadricula “de la cítate” determino que el número del mismo era 164 de la calle Roca. Mi asteroide. El amor me llego en nombres, algunos muy repetidos. Ojo que la repetición es solo del nombre, no de la persona. Casualidades de la vida. Esa lista podría acortarse a tenor de la realidad. Finalizo ahí. La soledad ha sido siempre mi compañera porque no necesite explicarle nada de lo que me sucedía, ella siempre me tomo así de cuerpo entero. Me recibió siempre desnuda de preguntas. Me enseño a ser de igual modo, a no preguntar algunas cosas, sabe que la otra soledad va a decir lo que quiera cuando quiera o sienta. Me enseño que eso es respecto a las cosas relevantes, de las otra se le puede hablar siempre a la otra soledad. Me dijo: “ahí vas a encontrar cosas que duelen y mejor es dejar que afloren cuando sea su voluntad”. Siempre recuerdo lo que me enseño Soledad. Estamos solos, nacemos al mundo solos, etc, cuestiones existencialistas que se suman al deseo de eternidad. Aprendemos no estando solos, después la vida nos va dejando solos. Algunos tienen a otros para siempre, algunos parecen estar con otros pero son presa de la más profunda Soledad. Yo preferí, como en todo, tener una Soledad que pueda abandonar, claro no tengo hijos. Si a caso tendría uno la soledad con él no existiría. Ahora, por ejemplo, cuando escribo esto, necesito estar solo en Soledad. Lo genial sería que la otra soledad pueda comprender que aun en esa soledad la continuo amando. El amor y la soledad parecen dos caras de una misma moneda y no lo son, son ambas las dos caras de una moneda en igual proporción. En cada una de ellas hay de las dos. Amo a una mujer en igual amor que a Soledad. Soy infiel por necesidad, porque como el aire, así de igual modo, necesito Soledad.


En la oficina otra vez y leyéndote. Copio tu mail y lo llevo a Word, siempre lo hago, de ese modo intento evitar solo escribir de mi. Me sorprendo por el relato de los Selk´nam y voy rápido a desasnarme, con la misma vertiginosidad me anoticio que también son conocidos como los Onas y me perdono, había sentido una culpa terrible de no saber de ellos. Conectado con su historia, con la de los aborígenes de América, con mis viajes a Perú, con diario de Motocicleta. Continuo leyendo tu escrito y me recuerdo tomando esa edición de bolsillo de Rebelión en la Granja que me llego de rebote y que me comí, lo mismo con Bestiario, y no es para menos, si mi versión es en tapa amarilla y la imagen de una caracola y mi imagen en mi bitácora de Petitchango del faro en Uruguay, la caracola al cielo y el cine musa de “uno, dos utltraviolento” de Los Violadores. Todas similitudes que acercan esas imágenes dispares en que parecemos haber terminado. No somos tan distintos. En tu tío veo a mi padre, ese mismo que aprendía italiano con la TV y el diccionario, que se anotaba las dudas. No era un artista de obra visible, lo suyo fue hacernos a nosotros, a mis amigos y a sus amores. De ahí entro al capitulo que no esta vedado. Debo confesar que quizás fui injusto en atar a mi niñez con el robo de la inocencia. también es oportuno reseñar que mi inclinación a la reclusión no es a causa de esos dolores del alma, sino por mi gusto a la cocina a leña, los pochochos azucarados y la “lectoescritura”. Tuve Madre y Padre, uno menos biológico que otro. El capitulo ese que parece negro lo fue solo hasta una fecha en un nivel, y luego de esa fecha en otro. Así del día en que mi mama dejo de comer con nosotros hasta el día en que mi papa se murió. En esos tiempos existieron los silencios, las angustias y llore por ella, por su deseo de no contactarse con nosotros por considerarlo necesario para rehacer su vida. Lógico, nos resulto imposible comprender el desamor de madre. De eso escribí mucho en mi vida, en mi bitácora pedí más de una vez a una madre de amor. En esa época encontré mujeres que eran madres mías, las de mis amigos, que me amaron como a un hijo, pero claro uno continua buscando a la que reconoce con el olor de la propia. Después llego el después, el abismo y el inicio, todo en un acto involuntario. El último acto de amor de mi padre fue ese que me dejo en su último suspiro, en el momento en que me miro a los ojos y me dijo, me muero y tomándome fuerte de ambas muñecas me dio su eterno estirón de alma. Muriéndose sobre mi me regalo alas. Esas alas que use para viajar por adentro y por afuera. Alas que me dejan suspendido en el aire para ver esas flores que nacen en mí con su semilla de antaño. Entonces eso que fue dolor fue vida. Entonces eso que había sido abandono fue mutando a una decisión de voluntad. Entonces la culpa dejo de existir como concepto de poder culpar. Mi madre se había ido de mi vida antes de irse de mi casa y lo hizo desde la inexistencia de su amor materno. Hizo lo que pudo con lo que tenía a su alcance. Para algunos puede haber sido poco, para mi fue menos que eso. En su cuenta para con mi persona tiene el saldo negativo de haber cometido horrores que no deseo a ningún niño. Claro que de esos horrores recién me anoticien cuando fui grande, cuando comprendí la criminalidad de sus actos, cuando me di cuenta que hacia cosas que no se deben hacer en el hogar. Mi padre era viajante, quizás por eso tengo un alma andariega, o quizás viajo porque lo encuentro siempre que descubro cosas mágicas. En ese juego de ausencias mi madre fundo sus delitos “fato in casa”, mi indignación con ella se radica allí, en no respetar el hogar. Mientras transcurrió la confección de este relato mis ojos se nublaron en las partes en que escribí de mi padre, que es mi capitulo a escribir. De mi madre ya pase. Que pena esto último no?, pero bueno es así……..

Gracias Kuka por tu corrección……..

Nota: Anónimo: Gracias por lo del himno.
Juan Martín.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Escritos q desnudan el alma...simples...pero los q a mi personalmente más me gustan... gracias por tu nota en este último.

BaMbOllAbEllA dijo...

No me voy a extender, xq no existen los tèrminos que describan un alma al aire. Bellìsimo petit !!

Paula dijo...

Más te leo y más te admiro.
Solo puedo dejarte un abrazo grandote.
Este post sigue confirmándome lo que presentí: sos un tipazo!!