lunes, marzo 16, 2009

Mano Negra.


Estaba en mi oficina y Juani me mando un mensaje por el messenger ... “Vamos al Cosquin Rock a ver a Manu Chao”... dale… le conteste sin mas rodeo y es que desde esa primavera del 2004 en que sentí las turbinas del avión que me pegaron contra el asiento me di cuenta que teniendo las condiciones solo la voluntad es necesaria para viajar. Como es eso, simple, cuando uno tiene un marco que se lo permite solo necesita tener la férrea convicción de hacerlo, salir, partir, emprender. Siempre hay cosas que se dejan cuando uno parte, sale o emprende. Y entonces porque no ir a Córdoba a ver al cantante de uno de los grupos que marco mi pensamiento. Los años hacen perder el fanatismo, pero no pueden hacer olvidar la sensación de lo que rodea una música que te llevo a compartir momentos únicos con personas únicas, y como en muchas cosas al segundo sentí que la confirmación era irreversibles. Lo habitual continuaba siendo eso y el transcurrir de los días encontraba una vista de reojo a ese mínimo detalle de escape a lo rutinario, que término siendo en Buenos Aires. Tendría unos catorce años cuando el Nato me dio para escuchar “Mano Negra”, grupo francés con fuerte influencia española. Y bueno a descubrir. Un ritmo totalmente diferente a lo que tenía en mi conocimiento, con actitud radical ante los problemas de la globalización, despojado de nacionalismo o localismo y pleno para cualquier persona de este mundo que este de esa “maldita” línea para este lado. En esos tiempos, que no son lejanos a nuestros ojos, pero si a los de la tecnología, los datos o la forma de llegar a ellos era dificultosa y solo por medio de algún amigo tenias la oportunidad de algún cassette diferente a lo que el disquero local podía brindar. Y tanto me gusto la forma integral de Mano Negra que se me metió en la piel. Para mi Mano Negra es un grito desde la cultura al repudio de lo que nos hace mal, es un poco musicalmente lo que Galeano te puede decir en un café de Montevideo, o lo que el Subcomandante Marcos puede trasmitir cuando habla con las venas hinchadas, o lo que trasmite el discurso del Che en las Naciones Unidas en el ´64, también un poco de esa mezcla de sensaciones cuando recuerdo las “torres caer”, la antipatía al costo del minuto militar, y mucho más. Y cuando las luces se encendieron al unísono y Chao apareció en el escenario sentí la piel erizada, estaba ahí con el Nato, casi 20 años después. Así como en el recital del Indio lo pase con mi hermano, este lo pase con Nato, con quién me crié desde los 7 años. Interesante, siempre pienso en eso, en la dicha de estar en el camino con gente que encontré de tan chico, Nato y Tonio, hemos recorrido la vida juntos. De un lado a otro juntos, a menudo pienso en eso, en la suerte de guardar a la misma gente desde siempre y encontrar otros y continuar sumando. No cambiar ese premio hermoso que es la hermandad por aceptación mutua. La guitarra sonó y la banda se largo al ruedo. Salimos disparados para adelante a sentir el recital desde la mirada misma de los que lo hacían, saltando a pocos metros de ellos. Con Nato nos miramos y sabíamos de todo el tiempo vivido juntos y aunque él deteste mis “ñoñerias” del alma se dejo llevar por los sentimientos......


"También nosotros decimos no.

Nosotros decimos no al elogio del dinero y de la muerte. Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y a la gente, donde el que más tiene es el que más vale, y decimos no a un mundo que destina a las armas de guerra dos millones de dólares cada minuto, mientras cada minuto mata treinta niños por hambre o enfermedad curable. La bomba de neutrones que salva a las cosas y aniquila a la gente, es un perfecto símbolo de nuestro tiempo. Para el asesino sistema que convierte en objetivos militares a las estrellas de la noche, el ser humano no es más que un factor de producción y de consumo y un objeto de uso; el tiempo, no más que un recurso económico; y el planeta entero una fuente de renta que debe rendir hasta la última gota de su jugo. Se multiplica la pobreza para multiplicar la riqueza, y se multiplican las armas que custodian esa riqueza, riqueza de poquitos, y que mantienen a raya la pobreza de todos los demás, y también se multiplica, mientras tanto la soledad: nosotros decimos no a un sistema que no da de comer ni da de amar, que a muchos condena al hambre de comida y a muchos más al hambre de abrazos.

Decimos no a la mentira. La cultura dominante, que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal, nos invita a confundir el mundo con un supermercados o una pista de carreras, donde el prójimo puede ser una mercancía o un competidor, pero jamás un hermano. Esa mentirosa cultura, que cursimente especula con el amor humano para arrancarle plusvalía, es en realidad una cultura del desvínculo: tiene por dioses a los ganadores, los exitosos dueños del dinero y el poder, y por héroes a los uniformados rambos que les cuidan las espaldas aplicando la Doctrina de seguridad Nacional. Por lo que dice y por lo que calla, la cultura dominante miente que la pobreza de los pobres no es un resultado de la riqueza de los ricos, sino que es hija de nadie, proviene de la oreja de una cabra o de la voluntad de Dios, que hizo a los pobres perezosos y burros. De la misma manera, la humillación de unos hombres por otros no tiene porqué motivar la solidaria indignación o el escándalo, porque pertenece al orden natural de las cosas: las dictaduras latinoamericanas, pongamos por caso, forman parte de nuestra exhuberante naturaleza y no del sistema imperialista del poder.

El desprecio traiciona la historia y mutila al mundo. Los poderosos fabricantes de opinión nos tratan como si no existiéramos, o como si fuéramos sombras bobas. La herencia colonial obliga al llamado Tercer mundo, habitado por gente de tercera categoría, a que acepte como propia la memoria de sus vencedores y a que compre la mentira ajena para usarla como si fuera la propia verdad. Nos premian la obediencia, nos castigan la inteligencia y nos desalientan la energía creadora. Somos opinados, pero no podemos ser opinadores. Tenemos derecho al eco, no a la voz, y los que mandan elogian nuestro talento de papagayos. Nosotros decimos no: nos negamos a aceptar esta mediocridad como destino.

Nosotros decimos no al miedo. No al miedo de decir, al miedo de hacer, al miedo de ser. El colonialismo visible prohibe decir, prohibe hacer, prohibe ser. El colonialismo invisible, más eficaz, nos convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. El miedo se disfraza de realismo: para que la realidad no sea irreal, nos dicen los ideólogos de la impotencia, la moral ha de ser inmoral. Ante la indignidad, ante la miseria, ante la mentira, no tenemos más remedio que la resignación. Signados por la fatalidad, nacemos haraganes, irresponsables, violentos, tontos, pintorescos y condenados a la tutela militar. A lo sumo, podemos aspirar a convertirnos en prisioneros de buena conducta, capaces de pagar puntualmente los intereses de una descomunal deuda externa contraída para financiar el lujo que nos humilla y el garrote que nos golpea.

Y en este cuadro de cosas, nosotros decimos no a la neutralidad de la palabra humana. Decimos no a quienes nos invitan a lavarnos las manos ante las cotidianas crucifixiones que ocurren a nuestro alrededor. A la aburrida fascinación de un arte frío, indiferente, contemplador del espejo, preferimos un arte caliente, que celebra la aventura humana en el mundo y en ella participa, un arte irremediablemente enamorado y peleón. ¿Sería bella la belleza si no fuera justa?, Sería justa la justicia si no fuera bella?. Nosotros decimos no al divorcio de la belleza y de la justicia, porque decimos sí a su abrazo poderoso y fecundo."
Eduardo Galeano.


"Venimos a preguntarle a la patria, a nuestra patria, ¿por qué nos dejó ahí tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez, a través de ustedes, ¿por qué es necesario matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes, todo el mundo, escuchen a Ramona -que está aquí- decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas quieren vivir, quieren estudiar, quieren hospitales, quieren medicinas, quieren escuelas, quieren alimentos, quieren respeto, quieren justicia, quieren dignidad?»
Venimos a la ciudad armados de verdad y fuego, para hablar con la violencia el día primero de este año. Hoy, volvemos a la ciudad para hablar otra vez pero no con fuego; quedaron en silencio nuestras armas de fuego y muerte y se abrió el camino para que la palabra volviera a reinar en el lugar donde nunca debió de irse: nuestro suelo.
Venimos a la ciudad y encontramos esta bandera, nuestra bandera. Eso encontramos; no encontramos dinero, no encontramos riquezas, no encontramos nadie que nos escuchara otra vez. Encontramos la ciudad vacía y sólo encontramos esta bandera. Venimos a la ciudad y encontramos esta bandera y vimos que bajo esta bandera vive la patria; no la patria que ha quedado olvidada en los libros y en los museos, sino la que vive, la única, la dolorosa, la de la esperanza."
Subcomandante Marcos

http://www.youtube.com/watch?v=DO7yxx7Y81w&feature=related
El “Che”





Juan Martín.

1 comentario:

BaMbOllAbEllA dijo...

"La ùnica lucha que se pierde es la que se abandona"
Desde mi vereda, aplaudo esta entrada.....
y comparto ese placer de volver a la adolescencia, a los ideales, a todo lo que nos hace sentir que: las guerras, son peleas que sucedieron hace mucho tiempo, en otras partes del planeta, pero no pasaràn nunca màs; "venenosa" es simplemente un tipo de mancha, etc, etc, etc
Lindo, lindo doc !! ♥Besis♥