Cuando somos chicos muchas de las frases que escuchamos de los grandes nos caen en inocuas, las escuchamos y levantamos los hombros... pensamos tontamente...que querrá decir con eso... y todo pasa....luego con el peinar de los años es que las mismas van tomando colores y cuerpo. Alguna vez mi padre sentencio en ronda de mate aquello de aprender a ver lo profundo y del disfrute de las cosas mientras están sucediendo. Sentado en la cima del Wayna Picchu sentí en los ojos la capacidad de ver demasiado. Las almas como hormigas trepando esa “montaña joven” y la abstracción para que la piel erizada sea el marco de una imaginación de tiempos remotos. En el silencio absoluto de mi mente aquellos habitantes de años atrás cumplían sus labores. Un juego de tomar segundos para respirar la maravilla de la inmensidad. Pero uno tiene nostalgia en la respiración y no puede impedir que brote en cualquier momento....
Bien temprano habíamos salido rumbo al Machu Picchu, a eso de las 4 de la mañana, Mati y yo trepamos vertiginosamente la cuesta y logramos llegar solo aventajados por un nórdico. Nos sentamos en la escalinata, el día estaba ya amaneciendo, minutos más tarde comenzó a llegar un grupo de uruguayos. Para aquellos que visitan Sudamérica resulta difícil diferenciar entre los charruas y nosotros, y es que sin dudas la similitud de historia hermanada hace innegable la genética, pero para nosotros es fácil distinguirlos, poseen las virtudes que podemos alegar que poseemos nosotros y carecen de la casi totalidad de los defectos que a ciencia cierta nosotros tenemos. Son pacientes, respetuosos y con un ritmo de aprovechar los silencios y disfrutar la charla con el otro. Ya en la escalinata uno de ellos se acerco e intercambiamos unas palabras, lo de siempre, ...de donde, ....desde cuando, ...hasta cuando, ...por donde, rutinas del viajero. Nos relato que viajaba en modalidad similar junto a toda su familia. El mayor de tres hermanos y junto a sus padres sudaqueando. Nacido y criado en Artigas ciudad con aire de caudillo, de pura cepa uruguaya. La charla se fue desandando hasta que un irrespetuoso de esos que no faltan intento saltearnos a todos los que estábamos en la fila y posicionarse primero, claro de los nuestros, un gordito con la casaca de Belgrano de Córdoba, en resumen un boludo cordobés (siempre dando la nota) y eso genero el enojo de todos. Otro grupo de brasileños también se creyó que eran “o mais vivos del mundo” y con guitarrita al hombro saltearon a todos, la monada se enloqueció y el resultado en forma de sentencia: atrás o palos; mejor atrás pensaron. En definitiva: la puerta se abrió y todos adentro del Machu Picchu. Ni bien ingresamos nos fuimos a retiran nuestro permiso para subir el Wayna Picchu (al cual solo acceden cuatrocientas personas por día en dos turnos de doscientas persona de las cuatro mil que visitan diariamente las ruinas), y en esa nueva cola nos volvimos a encontrar con el rioplatense.
La nostalgia resulta un sentimiento cada día más interesante. Naciendo siempre con un dejo de tristeza la vi moverse por mi cuerpo y mutar para transformarse en un generador de buenas sensaciones, no es que por si sea mala, por el contrario, siempre es agradable la nostalgia, pero si es necesario darse cuenta que en su estado natural trae aparejada la alegría perdida del momento que se añora. Me encontré en la cima del Wayna Picchu (para dar una noción grafica del lugar: es la parte superior de la montaña que contiene al Machu Picchu y se eleva por sobre la ciudadela a unos trescientos metros y desde la misma se observa en su integridad la magnificencia del lugar) con mis rodillas de base para mi mentón, fue un momento único, la inmensidad y profundidad del lugar y con la abstracción jugando al imaginar a los incas caminando por su ciudad. De pronto el ruido general fue tragado y el silencio solo dio lugar al viento. Me encontraba en la cima de la montaña, ahí abajo los destellos de aquello que había sido hasta que comenzó “la larga noche de los quinientos años” y en la imagen casi muda la figura del uruguayo. En esa abstracción me detuve a disfrutar de la presunción de su momento, el estar ahí flotando en el lomo de un cóndor de piedra...... junto a sus dos hermanos y sus padres, lo sentí mientras respiraba profundamente. Que momento me pensé mientras disfrutaba de la nostalgia en su versión romántica, ya que no estaba en la imagen deseada el anhelo de aquellos padres que se perdieron en el tiempo, sino el disfrute de aquel joven desconocido y su familia de estar a esos ritmos de vida todos juntos en el tope de la cordillera. De golpe cerré muy fuerte mis ojos y pedí un deseo, que aquellos jóvenes disfrutaran cada segundo de esa inmensidad de alegría que circulaba por sus manos. Su madre y su padre se sentaron junto a mí en la piedra, tomaron aire y se abrazaron. Todo ello parecía ajeno a los demás turistas, en mi por el contrario genero un plus de alegría. Fue descubrir la nostalgia en otra faceta, en otra cara y fue ser feliz con lo más mínimo de la historia. Esos padres y esos hijos, juntos, viviendo, disfrutando, gozándose. Ello me pareció genial y me dio ganas de aplaudirlos, pero la individualidad de mi pensamiento era solo eso, mi pensamiento y quizás muy pocos podrían haber comprendido el aplauso y lo que mis ojos estaban viendo. Guarde en mi memoria emotiva una foto de todo ello. Días después volví a encontrar en la televisión “Solo Dios Sabe” y mire como había crecido en mi la capacidad de sentir “saudade”.... me percate que ese era el lado positivo de la nostalgia que había mutado a otro sentir, con la guarda de algunos caracteres y la toma de otros, afirme que crecí como persona al descubrir un sentimiento nuevo, ese sentimiento que de hecho ya había aflorado en mi, pero que mi mente aun no había encasillado en un nombre, y es que el occidentalismo me puede, lógico porque me crié en él, y así uno necesita encasillar aun detestando que ello suceda... pero bueno.. ha relajarse... lo genial es aprender a ver lo profundo y disfrutar de las cosas simples mientras están sucediendo.....van naciendo flores de esas semillas dejadas tiempo atras....
La nostalgia resulta un sentimiento cada día más interesante. Naciendo siempre con un dejo de tristeza la vi moverse por mi cuerpo y mutar para transformarse en un generador de buenas sensaciones, no es que por si sea mala, por el contrario, siempre es agradable la nostalgia, pero si es necesario darse cuenta que en su estado natural trae aparejada la alegría perdida del momento que se añora. Me encontré en la cima del Wayna Picchu (para dar una noción grafica del lugar: es la parte superior de la montaña que contiene al Machu Picchu y se eleva por sobre la ciudadela a unos trescientos metros y desde la misma se observa en su integridad la magnificencia del lugar) con mis rodillas de base para mi mentón, fue un momento único, la inmensidad y profundidad del lugar y con la abstracción jugando al imaginar a los incas caminando por su ciudad. De pronto el ruido general fue tragado y el silencio solo dio lugar al viento. Me encontraba en la cima de la montaña, ahí abajo los destellos de aquello que había sido hasta que comenzó “la larga noche de los quinientos años” y en la imagen casi muda la figura del uruguayo. En esa abstracción me detuve a disfrutar de la presunción de su momento, el estar ahí flotando en el lomo de un cóndor de piedra...... junto a sus dos hermanos y sus padres, lo sentí mientras respiraba profundamente. Que momento me pensé mientras disfrutaba de la nostalgia en su versión romántica, ya que no estaba en la imagen deseada el anhelo de aquellos padres que se perdieron en el tiempo, sino el disfrute de aquel joven desconocido y su familia de estar a esos ritmos de vida todos juntos en el tope de la cordillera. De golpe cerré muy fuerte mis ojos y pedí un deseo, que aquellos jóvenes disfrutaran cada segundo de esa inmensidad de alegría que circulaba por sus manos. Su madre y su padre se sentaron junto a mí en la piedra, tomaron aire y se abrazaron. Todo ello parecía ajeno a los demás turistas, en mi por el contrario genero un plus de alegría. Fue descubrir la nostalgia en otra faceta, en otra cara y fue ser feliz con lo más mínimo de la historia. Esos padres y esos hijos, juntos, viviendo, disfrutando, gozándose. Ello me pareció genial y me dio ganas de aplaudirlos, pero la individualidad de mi pensamiento era solo eso, mi pensamiento y quizás muy pocos podrían haber comprendido el aplauso y lo que mis ojos estaban viendo. Guarde en mi memoria emotiva una foto de todo ello. Días después volví a encontrar en la televisión “Solo Dios Sabe” y mire como había crecido en mi la capacidad de sentir “saudade”.... me percate que ese era el lado positivo de la nostalgia que había mutado a otro sentir, con la guarda de algunos caracteres y la toma de otros, afirme que crecí como persona al descubrir un sentimiento nuevo, ese sentimiento que de hecho ya había aflorado en mi, pero que mi mente aun no había encasillado en un nombre, y es que el occidentalismo me puede, lógico porque me crié en él, y así uno necesita encasillar aun detestando que ello suceda... pero bueno.. ha relajarse... lo genial es aprender a ver lo profundo y disfrutar de las cosas simples mientras están sucediendo.....van naciendo flores de esas semillas dejadas tiempo atras....

Juan Martín.
3 comentarios:
Borde G R O S O !! "un gordito con la casaca de ... un boludo cordobés" juajuajua. Adoro leerte, me haces reir mucho con los detalles y siempre encuentro un mensaje de fondo Genial..(por simple). Abracete Bombonazo!!
Martìn; los afectos nos definen
http://www.youtube.com/watch?v=P6EA03yPPKI
Te sigo Espinudo y espero a Ivàn, que hace mucho no lo leo, x acà.
♥Besos lindos de domingo♥
Ver lo profundo... Fantástico!!!
Cuando estuve en Tafí del Valle (me quedé con las ganas de ir hacia los Valles Calchaquíes y admirar las ruinas de los Quilmes), me pasó algo que no me había sucedido nunca, al menos, hasta ese momento.
Me emocioné al ver la majestuosidad de esos cerros. Es más, me atreví a escalar uno, y te juro que me sentí tan insignificante, ante tanta belleza, que mis secos ojos, volvieron a emocionarse.
Cuando lo conté, sentí que me miraban de una manera extraña, así que me guardé esto, pero veo que a uds les pasó, por lo tanto, no soy la única que siente algo profundo cuando contempla la maravillosa naturaleza.
Acabo de darme cuenta que este blog es adictivo, jajajajaa!!!
Y que tus post me inspiran!!!
Un abrazo!!!
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