Iván entro al recinto prescindiendo de todo, lo acompañaba la seguridad de la paz interior. En su caminar se le distinguía tranquilo de alma. Tomo asiento y pidió lo habitual para una tarde de verano. En su mente la sensación alegre de hacer un corte en la rutina de su trabajo. Venciendo al tiempo. Desplegó en la última parte el diario deportivo que encontró en la m
esa contigua. El fútbol había sido su obsesión, y aunque no se mantenía ajeno a su actualidad, si le resultaba ajena la pasión ciega de otros tiempos. Nacido y criado naturalmente en este país y por ello salto en él la música de aquel tango que cantara a dúo con su padre en comilonas y entre dientes se le escucho tararear… “en tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas yo aprendí filosofía dados, timba y la poesía cruel, de no pensar mas en mí” … y al compás de las palabras finales levanto la cabeza y encontró en la llanura del café una figura que sintió familiar y tanto que lo era. Se habían visto por última vez en ese mismo café y tras una charla poco amena habían decidido tomar destinos diversos. Cada uno a su bola, se pensó en esa ocasión. Pero Iván debió de hacer un esfuerzo extra para confirmar que era ella. Sus ojos debieron centrarse en el contorno a
ngelical de su amor marchito para modelarla y de ahí sentirla la de ayer. Ese acto natural de no sentirla en el éter le marco que se había iniciado una nueva era en él. Meses atrás no podía dejar de temblar antes de tomarle la mano, siempre bajo el influjo de un magnetismo inexplicable a los ojos de los tecnicistas, siempre bajo el poder del amor. El amor lo puede todo, se pensó y como en ejercicio de sanar se recordó. Se vio en maneras diferentes pero siempre con la arritmia del amor sobre el pecho y por fin llego a la sensación de saber que pregunta buscaba en su interior. La pregunta le surgió y era de saber porque el amor se había terminado, porque ya no sentía esa arritmia despersonalizadora. No escatimo en mirarla hasta el hartazgo sin la menor sensación de culpa, pues su mirada era diferente. Los caprichos y la diferencia de vivencia habían sido claves en el desgaste diario. La filosofía de vivir siempre había separado las aguas, de un lado los timoratos y del otro los que siente el viento en la frente. Es digno sentirse vivo, esa afirmación como espada y bandera, y en esa dignidad la necesidad de sentirlo así, de sentir que no se quema vida en actos de mero transcurrir. No ser un tibio en esta historia. Siempre se sintió un nostálgico empedernido y sin embargo en ese momento la nostalgia le parecía necesaria y buena, como el paño húmedo de una madre en la frente de su hijo amado. El teléfono sonó y un amigo termino sumándose a la mesa y ya a pensar en el fin de semana y algún cordero para asar. Cuestiones de la argentinidad al palo. Como pura sensación Iván se desprendió los pulmones para que volvieran a respirar plenamente. Las alitas comenzaron a brotar plumas y no justamente de un nuevo amor, sino de libertad de alma, esa libertad que lo había despersonalizado meses atrás cuando tenía miedo de ser el mismo, cuando tenia miedo de sentir viento en la frente, de cuando sus tiempos no fueron de él y debía requerir permiso para respirar.
esa contigua. El fútbol había sido su obsesión, y aunque no se mantenía ajeno a su actualidad, si le resultaba ajena la pasión ciega de otros tiempos. Nacido y criado naturalmente en este país y por ello salto en él la música de aquel tango que cantara a dúo con su padre en comilonas y entre dientes se le escucho tararear… “en tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas yo aprendí filosofía dados, timba y la poesía cruel, de no pensar mas en mí” … y al compás de las palabras finales levanto la cabeza y encontró en la llanura del café una figura que sintió familiar y tanto que lo era. Se habían visto por última vez en ese mismo café y tras una charla poco amena habían decidido tomar destinos diversos. Cada uno a su bola, se pensó en esa ocasión. Pero Iván debió de hacer un esfuerzo extra para confirmar que era ella. Sus ojos debieron centrarse en el contorno a
ngelical de su amor marchito para modelarla y de ahí sentirla la de ayer. Ese acto natural de no sentirla en el éter le marco que se había iniciado una nueva era en él. Meses atrás no podía dejar de temblar antes de tomarle la mano, siempre bajo el influjo de un magnetismo inexplicable a los ojos de los tecnicistas, siempre bajo el poder del amor. El amor lo puede todo, se pensó y como en ejercicio de sanar se recordó. Se vio en maneras diferentes pero siempre con la arritmia del amor sobre el pecho y por fin llego a la sensación de saber que pregunta buscaba en su interior. La pregunta le surgió y era de saber porque el amor se había terminado, porque ya no sentía esa arritmia despersonalizadora. No escatimo en mirarla hasta el hartazgo sin la menor sensación de culpa, pues su mirada era diferente. Los caprichos y la diferencia de vivencia habían sido claves en el desgaste diario. La filosofía de vivir siempre había separado las aguas, de un lado los timoratos y del otro los que siente el viento en la frente. Es digno sentirse vivo, esa afirmación como espada y bandera, y en esa dignidad la necesidad de sentirlo así, de sentir que no se quema vida en actos de mero transcurrir. No ser un tibio en esta historia. Siempre se sintió un nostálgico empedernido y sin embargo en ese momento la nostalgia le parecía necesaria y buena, como el paño húmedo de una madre en la frente de su hijo amado. El teléfono sonó y un amigo termino sumándose a la mesa y ya a pensar en el fin de semana y algún cordero para asar. Cuestiones de la argentinidad al palo. Como pura sensación Iván se desprendió los pulmones para que volvieran a respirar plenamente. Las alitas comenzaron a brotar plumas y no justamente de un nuevo amor, sino de libertad de alma, esa libertad que lo había despersonalizado meses atrás cuando tenía miedo de ser el mismo, cuando tenia miedo de sentir viento en la frente, de cuando sus tiempos no fueron de él y debía requerir permiso para respirar."De chiquilín te miraba de afuera, como esas cosas que nunca se alcanzan
la ñata contra el vidrio en un azul de frío que sólo fue después viviendo igual al mío
como una escuela de todas las cosas ya de muchacho me diste entre asombros,
el cigarrillo, la fe en mis sueños y una esperanza de amor.
Cómo olvidarte en ésta queja cafetín de Buenos Aires si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja(o).
En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas, yo aprendí filosofía
dados, timba y la poesía cruel, de no pensar mas en mí.
Me diste en oro un puñado de amigos que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera, Marcial que aún cree y espera y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan lloré una tarde el primer desengaño
nací a las penas, bebí mis años...
¡y me entregué sin luchar!"
la ñata contra el vidrio en un azul de frío que sólo fue después viviendo igual al mío
como una escuela de todas las cosas ya de muchacho me diste entre asombros,
el cigarrillo, la fe en mis sueños y una esperanza de amor.
Cómo olvidarte en ésta queja cafetín de Buenos Aires si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja(o).
En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas, yo aprendí filosofía
dados, timba y la poesía cruel, de no pensar mas en mí.
Me diste en oro un puñado de amigos que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera, Marcial que aún cree y espera y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan lloré una tarde el primer desengaño
nací a las penas, bebí mis años...
¡y me entregué sin luchar!"

Ivan/Juan.
1 comentario:
Te acordás de la parábola de la vid y los sarmientos?
—Consuélate: te exige, porque eres sarmiento que da fruto...
Y te poda, "ut fructum plus afferas" —para que des más fruto.
¡Claro!: duele ese cortar, ese arrancar. Pero, luego, ¡qué lozanía en los frutos, qué madurez en las obras!
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