-No quería dejar de pasar unos minutos por acá y además quería darte un beso.
-Que tierno que sos. Esperame que me doy un ducha y vamos juntos a la facu. Me voy anotar para la próxima mesa.
-Vas a dar un final. Dios, no se que decirte, me alegra de manera que no te lo imaginas. Veni que te como a besos.
-Dale loco que es solo anotarme, después esta todo el rollo de estudiar y sentirme segura nuevamente. Esperame, es un minuto.
En ese momento Iván se sintió invencible. En su interior sabia lo que anhelaba que por fin se decidiera a dar ese puñado de finales y así terminar su carrera. Iván tenia la férrea convicción que no lo hacia por pura rebeldía a sus padres, pero solo era una idea que le rondaba la cabeza y no podía afirmar. Mientras ella cumplía con su ducha él comenzó a hurguetear en la biblioteca, un vicio habitual. La había revisado ciento de veces, tanto en este departamento como en el anterior. Tomo del lomo ese libro que resultaba su Biblia a la alegría y a la magia. La sensación de tenerlo en sus manos le resultaba un rescate emotivo a la niñez y a la capacidad de distorsionar la realidad impuesta. Se imagino el desierto y los cabellos rubios de ese ser angelical, los diálogos, la boa, la posibilidad de ver un elefante o la certeza de ver un sombrero. Se sonrió y en ese instante unas hojas se desprendieron del libro. Las tomo en el aire con arte circense. Eran cartas. Las miro y reconoció naturalmente la pertenencia de una de ellas. Conocía su manía de hacer en copia las misivas que consideraba importantes, de modo de adjuntarles posteriormente la respuesta, si es que esta llegaba. No pudo resistirse.
-Que tierno que sos. Esperame que me doy un ducha y vamos juntos a la facu. Me voy anotar para la próxima mesa.
-Vas a dar un final. Dios, no se que decirte, me alegra de manera que no te lo imaginas. Veni que te como a besos.
-Dale loco que es solo anotarme, después esta todo el rollo de estudiar y sentirme segura nuevamente. Esperame, es un minuto.
En ese momento Iván se sintió invencible. En su interior sabia lo que anhelaba que por fin se decidiera a dar ese puñado de finales y así terminar su carrera. Iván tenia la férrea convicción que no lo hacia por pura rebeldía a sus padres, pero solo era una idea que le rondaba la cabeza y no podía afirmar. Mientras ella cumplía con su ducha él comenzó a hurguetear en la biblioteca, un vicio habitual. La había revisado ciento de veces, tanto en este departamento como en el anterior. Tomo del lomo ese libro que resultaba su Biblia a la alegría y a la magia. La sensación de tenerlo en sus manos le resultaba un rescate emotivo a la niñez y a la capacidad de distorsionar la realidad impuesta. Se imagino el desierto y los cabellos rubios de ese ser angelical, los diálogos, la boa, la posibilidad de ver un elefante o la certeza de ver un sombrero. Se sonrió y en ese instante unas hojas se desprendieron del libro. Las tomo en el aire con arte circense. Eran cartas. Las miro y reconoció naturalmente la pertenencia de una de ellas. Conocía su manía de hacer en copia las misivas que consideraba importantes, de modo de adjuntarles posteriormente la respuesta, si es que esta llegaba. No pudo resistirse.
“Solo me pregunto: Solo me pregunto ... me pregunto como se puede olvidar tanto en tan poco tiempo... ¿o no fue tanto? Como se hace. Vos como estas? Más aliviado? Qué sentís?. Fue todo tan abrupto que, por lo menos a mi, me resulta difícil pensar que se puede dar vuelta la página como si nada hubiese quedado atrás. Y no te estoy hablando con miras de un retorno... simplemente como una persona que estuvo enamorada de vos... y cree que vos de ella... eso cree... y le cuesta pensar que todo haya quedado en ese horrible recuerdo de ese ultimo día que nos vimos.
Por momentos, casi siempre... pienso que el corte lo debe hacer cada uno ... que evidentemente si después de tanto tiempo no quisiste ni preguntarme como estaba era porque ... o no te interesaba... o te daba culpa... no se... Pero a veces es necesario saber que le pasa o le paso al otro ... para poder cerrar una etapa. No es un reproche, no quiero que suene así... simplemente estoy desnudando mi alma frente a vos... quiero que sepas que me pasa por la cabeza y el corazón.... aunque quizás no te importe
Te mando un beso.”
“Hola: Habitualmente me olvido de muchas cosas cotidianas, quizás porque no sean tan importantes para mí, pero hay cosas de las que no me olvido, ni me quiero olvidar.
Todo este tiempo pensé mucho en vos, por supuesto que no es simplemente dar vuelta la hoja y seguir, pero intento siempre respetar al otro, a cualquiera que sea, y vos me pediste que desaparezca. Por lo tanto no tuve otra opción, aunque me parecía algo extraño y me costó mucho no tener noticias tuyas, no saber como estabas, etc... sólo intenté respetarte.
Espero que esto responda a la otra pregunta, claro que estuve enamorado de vos, mucho, creo que lo sabes. Y no me da culpa, trato de ir por la vida siempre para adelante, haciendo las cosas que siento e intentando no joder al resto. Puse mucho de mí en esta historia y siempre, siempre te respeté. No me da culpa eso. Ojalá que estés bien, te deseo lo mejor.”
Sus tripas se revolvieron hasta asfixiarlo y solo cuando recupero la razón tras la hipoxia del alma es que sintió el resumen de un amor naufrago en dos pequeños retazos de papel. El agua dejo de caer y ella estaba por regresar. Concentro sus esfuerzos en actuar naturalmente mientras su cabeza era invadido por distintos análisis. Ella termino de vestirse y con su estilo particular y casual estaba tan hermosa como siempre.
-Donde tendré la libreta. A ver, por favor, fijate si esta en aquel cajón.
-Sí, esta acá. Vamos que necesito hablar con el titular antes de dar clases.
-Si vamos, perdona la demora.
-No es nada, si no te había dicho que pretendía llegar antes de lo habitual.
Con esa frase Iván intento escapar a la parquedad del dialogo. Ella esta tan decidida a ponerse en acción con sus finales que no reparo en el tono seco de Iván, o quizás, tan solo lo adjudico a su perfil de puntualidad.
Caminaron hasta la facultad. Se separaron en sala de profesores. Un beso y la certeza de verse más tarde fue suficiente.
Iván junto sus manos en la mesa del café como hacia cada vez que los conflictos ocupaban su mente. La lectura rápida de aquellas misivas le habían dejado dudas y certezas. Sabia que ella aun amaba al destinatario de la carta y sabia que aquel había comenzado a volar. Como un desestabilizador atemporal aquel acto involuntario había modificado el mapa de su vida. Pensó en sus dudas habituales y en sus miedos crónicos. Todos amamos y queremos ser amados, se afirmo en forma tonta y básica. Ella lucha todos los día por olvidarlo. Que soy yo en esta historia, tan solo un objeto aliviador. Esos interrogantes comenzaron a punzarlo dañinamente. Sintió sus ojos humedecerse. Pasaron unos minutos antes de volver a pensar en todo lo sucedido, en hacer una revisión cronológica de las cosas. Porque en ese libro. Para ella representaba lo mismo.
La clase transcurrió en un aló de estrabismo. La ventana y el infinito del cielo llevaron a Iván por lugares nostálgicos. Se hablo en lo más profundo de si mismo y se fue de una honestidad brutal. Se pregunto de su vida y de su pasado. Se pensó de sus momentos, de esos que el solo conocía y que solo esporádicamente había dejado permear a los otros en cartas o relatos personalísimos. Se pensó, se recordó en él y en el amor. Se reconoció en momentos extremadamente felices y en otros no tanto. Se sintió relajado y ahí la respuesta a su angustia, “ella sabrá que es lo que debe hacer, sabrá encontrase, sentirá en su día a día como late su corazón. La cosas sucederán como tiene que ser. Nadie ha muerto por amor y ella no es la excepción. Sabrá volver a la vida”. Aquel pensamiento lo recordaría años más tarde como un principio de alejamiento al egoísmo, pues en él encontró la certeza de importarle más el alma del otro que la certeza o la pena de sentirse amado por quien amaba.
1 comentario:
"Qué soy yo en esta historia".
Pobre Iván.
Terrible es, cuando se cae el velo que, afanosamente, ponemos para no ver la realidad.
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