Hay momentos de nostalgia y pena que brotan por los poros y se hacen palabras. Doy gracias a todos aquellos que repararon en el detallecito de mi nick en el msn y salieron al ataque de preguntas. Y como no ser un día gris el pasado viernes, si ese día se apago la luz de un hombre fuera de serie. Me brotan lágrimas. Hace instantes hablaba con Gustavo y el pecho nuevamente se me hundía. El viernes había fallecido su padre, un tipo descomunalmente digno. De una dignidad extrema. Por mi actitud a la vida he conocido a mucha gente y voy por la cotidianeidad en ese mismo rol. Con ello descubrir gente que te hace feliz y otra que uno prefiere dejar de conocer. Miguel no en vano se llamaba también Ángel. Un hombre pleno que fue inmenso. No hizo tareas quijotescas, pero lo que fue lo fue en forma superadora a todos los demás. Fue un padre ejemplar, fue un esposo único, fue un trabajador implacable, fue un amigo imprescindible, un ciudadano de merito y así en todo. Un hombre que no se convirtió en bueno con su muerte, lo fue siempre, a cada respiro. Me queda la certeza egoísta de haberlo conocido mucho. De haberlo abrazado. Queda el derecho tonto de poder adjudicarme minutos en su mesa. Queda la nota que habita en mi escritorio que me firmo cuando compramos la oficina con su hijo. Queda debajo de mi mano la obra de su autoría en un escritorio que su alter ego de carpintero me dio. Fue un día gris que no alcanza en sus 24 horas para finalizarlo, será mucho más. Como no pensarte. Se me estruja todo.
lunes, mayo 12, 2008
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