lunes, agosto 04, 2008

El Imperio del Sol

El domingo esta súper frió y es que el invierno se presento por fin. Ayer fuimos a cenar a “El Ombú”, la pasamos genial. Tony como siempre una pasada, dos costillares y una paleta de jabalí, simplemente delicioso. Después una vueltita con los chicos y a la cama, que el frió ya era tan terrible que congelaba las puertas del auto y no abrían.
Me desperté temprano y termine de acomodar la casa. Nada complicado. A la hora de la siesta nos tiramos con Amélie en el sillón y dormitamos. Me desperté y prendí la tele y volví a encontrar “El Imperio del Sol”, esa película de Spilberg que me resulta sensacional y de la cual ya postie cuando comente mis preferencias de cine. Pero todo lo que es sensacional puede aun mejorar y esto me ocurrió con este film. Pase por el quiosco de revistas que me guarda la Ñ y al mirar la tapa encontré la foto del escritor ingles J. G. Ballard. No afecto a lo anglosajón tarde varios días en tomar la nota, y cuando la leí me desasne que la película citada estaba basada en un libro de este autor, pero que a su vez el libro esta basado en su vida, es decir que era vivencial. De su niñez, cuando estando este radicado en Shangai por ser hijo de diplomáticos ingleses se ve separado de los mismo por la invación sufrida en esa urbe y llevado a un campamento de prisioneros en la base aerea de Lunghua. En 1937, tras la Batalla de Shangai, la ciudad cayó en manos de los japoneses. Esta ocupación duró hasta 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en punto de refugio de muchos europeos. Fue la única ciudad del mundo abierta a los judíos durante este periodo.

El film muestra como fundado en la adoración a los aviones y en particular al P51 Mustang el niño logra evadirse de la realidad desesperante que lo rodea y sobrevive, todo ello en un marco en el cual comienza a tener episodios que acarician la locura (http://www.youtube.com/watch?v=ud3vVXD7AAE). Su capacidad de fabular, para protegerse y evadirse de los horrores que la guerra le presenta a su corta edad, llega a puntos limites, uno de ellos es cuando decide abandonar la caravana de presos y quedarse en el estadio de Nan Tao para acompañar en su fenecer a la “Sra. Victor” que agoniza. Al despertar la mañana siguiente la encuentra muerta y estando sobre ella para intentar reavivarla ve un as de luz en el horizonte, como un sol gigante y resplandeciente que emite una luz que distorsiona los colores naturales. Se siente aliviado al ver la luz multicolor porque cree que es el alma de la difunta que asciende al cielo. Minutos después, y como dice más tarde en el film, aprende una nueva palabra bomba “nuclear” y regresa a la realidad, es la guerra y la luz que vio no es un alma aliviada de subir a encontrarse con el paraíso sino el inicio de un nuevo capitulo del mundo y del poder demoníaco del imperio capitalista. Ballard nos clava ese puñal y Spilberg lo reedita para que lo vea su propio país. Ambos dejan en claro que ya nada será igual. Años han pasado y el hecho parece desconocido o inadvertido por el mundo común. Ballard desparrama tinta desgarradora en una historia única e irrepetible. Un talento de emocionar.

Por esto cuando la guerra empieza a evidenciar síntomas de acabar y los japoneses intuyen su derrota, el mundo de Jim se tambalea y se desmorona. La explosión de la bomba atómica de Nagasaki es en este sentido un punto de inflexión: Un resplandor inundó entonces el estadio, fulgurando sobre las graderías del sudoeste como si una inmensa bomba americana hubiese estallado en alguna parte, al noroeste de Shangai (…) Estaban en el interior de un horno calentado por un segundo sol (…) …, pero un silencio ininterrumpido cayó sobre el estadio y sobre la tierra circundante, como si el sol hubiese parpadeado, desanimado durante unos pocos segundos. Jim sonrió al soldado japonés; sintió el deseo de decirle que aquella luz era la premonición de la muerte, la visión de un alma pequeña que se unía a la gran alma de un mundo agonizante (p. 270). Así intuye Jim, inconscientemente, por medio del fulgor nuclear, el inicio del nuevo orden mundial que dará carpetazo definitivo a la segunda gran guerra y dará pie al terror y la paranoia termonucleares en los que, en potencia, la humanidad entera ya está muerta, completamente aniquilada. El joven Jim había aprehendido este concepto, no obstante, mucho antes. Ver de nuevo a los japoneses había restaurado su confianza. La perspectiva de que lo mataran lo excitaba de veras; tras las incertidumbres de la semana pasada estaba dispuesto a aceptar cualquier final. Durante unos pocos momentos (…) todos serían plenamente conscientes. Pasara lo que pasara, él sobreviviría. Sentía que el alma ya lo había abandonado, y no necesitaba más los huesos finos y las llagas abiertas para durar (…) El alma de él ya se había ido. Estaba muerto, como el doctor Ransome y el señor Maxted. Todo el mundo en Lunghua estaba muerto. Era absurdo que no hubieran conseguido comprenderlo (…) Jim se echó a reír, conteniéndose feliz por haber comprendido el verdadero significado de la guerra (p. 240). Espiritualmente muerto como se sabe, como sabe a todos los que le rodean, una vez la guerra, su microuniverso, se desploma, Jim no hace sino preguntarse una y otra vez si en verdad se habrá acabado la guerra y, de ser así, cuánto tardará en comenzar la siguiente, esa que empezó con el luminoso parpadeo nuclear. Porque, no cabe duda, él necesita de la guerra, de Lunghua para seguir viviendo, para no desquiciarse definitivamente, para no morir orgánicamente; ¿no se estaba recargando otra vez la guerra allí, junto a los grandes ríos del Asia oriental, para ser disputada eternamente en ese lenguaje mucho más ambiguo que Jim había empezado a aprender? (p. 291).” Hermoso comentario al libro de Javier Iglesias Plaza.



Esta escena comprende muchos aspectos de un film que atrapa de diferentes modos. Una interprestación a un libro en que Ballard muestra como su inocencia fue alterada irremediablemente. Su niñez arrebatada. El encuentro con su madre en la ultima escena. Como la descubre en la sensibilidad de sus dedos, tocando su labio, tocando sus cabellos. Sin dudas esa imagen resulta atrapante. Su punto máxime resulta cuando le quita el sombrero para descubrirla completamente. Ese accionar demuestra su posición de abandono a la niñez. De igual modo la escena muestra como Jim ignora plenamente a su padre, eran tiempos en que las madres se ajustaban al lo hermoso de ser madres cómplices y el padre era solo rector. Los ojos de Jim tienen el brillo de lo irremediable en un abrazo que cierra un capitulo que ya no quiere repetir, que lo elevo a ser otro.
Y que hablar de esta canción de cuna que aprende en el colegio y que canta a los soldados japoneses en demostración de honor antes de que estos abandonen la tierra por ultima vez en el instante de la ceremonia de convertirse en kamikases (http://www.youtube.com/watch?v=-mKCnp2JKvo&feature=related). Ellos van a la muerte y por eso les da esa canción. Esta letra que me hace cerrar los ojos al escucharla, así:

Duerme mi bebé, en mi pecho / Son los brazos de una madre redondeándote / Hazle un nido cómodo, caluroso / Siente mi amor siempre nuevo / El daño no te encontrará en el sueño / La herida siempre te pasará / El niño querido, siempre guardarás / En sueño tranquillo, el pecho de tu madre cerca.

Duerme en paz esta noche, duerme / O duerme suavemente, ¡que una vista! / Una sonrisa yo veo en el letargo profundo, / ¿Qué visiones hacen tu cara luminoso? / ¿Son los ángeles arriba sonriendo / A ti en tu descanso pacífico? / ¿Estás irradiando mientras en / Letargo pacífico en el pecho de tu madre?

No temas el sonido, es una brisa / Cepillando las hojas contra la puerta. / No tienes miedo de los mares murmurantes, / Las solas olas lavando la orilla. / Duerme mi niño, hay nada aquí, / Mientras en el letargo a mi pecho, / Los ángeles sonriendo, no tengas miedo, / Los ángeles santos guardan tu descanso.

http://www.youtube.com/watch?v=Bej9Pmx7U0c&feature=related.

Trailer
http://www.youtube.com/watch?v=Wv9rirLk2kA&feature=related

Juan Martín.

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