lunes, abril 21, 2008

TAJABONE

Comencé a escribir este escrito con la misma canción con la cual lo termine y con confesión incluida lo confeccione plenamente con esa melodía. Su ritmo y su morfología me transportaron por mi vida, por momentos hermosos. Su referencia clara lo era a una mujer, a la que más me dio, a mi madre. Los ojos automáticamente se me llenaron de lágrimas y no puede evitar recordar el día que se perdió para siempre. Respire profundo, intente sentirme fuerte otra vez y luego continué escribiendo, tratando de recuperar el hilo me perdí en imágenes nuevamente, la recordé de muchas formas y en todas los buenos momentos surgieron. Ella fue la mujer que mas me enseño y es cierto. Solo los años y la búsqueda de la profundidad me hicieron descubrir que así fuera. Muchos se sorprenderán de tal afirmación y la creerán un acto de ironía, pero no lo es, es una afirmación en la que creo.
Los vientos de los otoños pasados después de ese año 1993 me susurraron detalles que solo años después puede decodificar, lenguaje de la vida y las sonrisas, lengua del amor y del desamor, y el calor de tu mano en su lado ausente. Cosas de ver por la ventana del pasado. Y ahí siempre esa cosa a tragar como saliva pesada. Después paso lo que paso, la pena y el dolor de la mano de cosas increíbles. El mundo abriéndose como una flor ante mis ojos. Amigos y amores. La balanza de la vida se dio cuenta que estaba demasiado inclinada y me dio, me dio y me continua dando. A veces me sorprendí escuchando a otros hablar de mi relación con mi madre, los escuche usurpar mi vida en palabras erróneas y me sentí ausente de derecho. Luego evite sentir pena al escuchar los equívocos de aquellos que hicieron uso de ese titulo de cuyo nombre ya no recuerdo. La vida continua, siempre, siempre….. y esa melodía esta ahí… se las presento….y para los más atentos su conexión con un film increíble… vamos…. es fácil…. escucha, sentí….a volar….
Martín.

1 comentario:

Paula dijo...

La vida continúa, es cierto.
Te cuento que en 1999 perdí a mi gran amor Diego y sentí que la vida se detenía, pero mi hija me dio las fuerzas para seguir.
Una semana antes de la navidad del 2001, el corazón de mi viejo dejó de latir.
Mi familia y amigos fueron mi sostén.
Y en el 2005, un accidente se llevó a mi hermano Ivan.
Ahí sentí que nada valía la pena, pero había que sobrevivir.

No te cuento esto para que sientas lástima, al contrario, sino para que sientas que te comprendo y mucho.
Un abrazo grande!!