Argentina y el fútbol, mi pasión, el tiempo y los pensamientos…..
Toda mi vida encontré en el fútbol algo especial que me motiva y genera alegría, el fútbol, el mate, el asado, el tango y las mujeres argentinas son en el inconsciente colectivo de este país las cosas emblemáticas a exportar. Claro es que la actualidad demuestra que todo va girando y la gloria que supimos conseguir hoy esta un poco opacada en materia del balompié.
Atrás quedaron los tiempos en que un jugador argentino era el top scorer de la liga italiana o española, ahora nos contentamos con cosas más simples. Pero amen de esa situación es claro que el fútbol ha cambiado mucho en mi percepción, ya que dejo de ser lo idealista que era. Recuerdo cuando a mis diecinueve años me subí a un tren de Mar del Plata a Buenos aires, baje en la estación Avellaneda y fui a las cinco de la mañana a la cede del club de mis amores, Independiente de Avellaneda, a buscar una entrada para ver el partido entre mi club y Huracán de Parque Patricios. Mientras caminaba un hombre salio a la calle y me llamo. Era el año 1994 y yo me manejaba como en el patio de mi casa, al verme me intercepto y me demostro que era innecesario exponerme a tanto peligro, lo recuerdo aun hoy…”nene con ese bolso sos carne de cañón, sos una papa para el chorreo”… y acto seguido se corrió y me indico que pasara a la matera y así en minutos me encontré charlando con hombres gastados que tenían su recreo en un frigorífico clandestino. Esas cosas no se olvidan jamás. ...Y vos pibe que andas haciendo por acá?, me pregunto uno buscando su mejor léxico. Aun en las peores situaciones siempre es posible que la suerte se acuesta de tu lado. Ya una hora más tarde y con el alba en la cara es que me dieron el permiso de continuar mi aventura por las calles de Avellaneda. Fui a la cede del club y me informe sobre los horarios en los que se venderían las entradas, por esos tiempos Internet no era algo común y por ello las entradas se vendían pura y exclusivamente por ventanilla. Me fui a lo de Andrés en Belgrano “R”, lo espere y nos fuimos a recorrer un poco Buenos Aires. Hacia casi trece años que no estaba en esa ciudad y por lo tanto fue un descubrirla, un emocionarse e imponerse ante la magnitud de la misma. Los autos, la gente y el ritmo, todo nuevo y distinto. A la medianoche me fui para la sede nuevamente, a esa altura ya habían dos cuadras de cola, toda la noche del viernes cantando y cantando con gente de todas partes, cumpliendo mi ilusión y mi sueño de ver al diablo en casa en búsqueda de ser nuevamente campeón. Las boleterias se abrieron y una marea de gente fue moviéndose, no faltaron los disturbios, la policía montada regalando algún que otro bastonazo, pero al fin con “popular” en mano regrese feliz a Belgrano “R”. Al otro día temprano a la cancha, la emosión de toda esa ola roja invadiendo los ojos y el silbato inicial. El partido una anécdota aparte, el movimiento de la cancha, la gente saltando y un resultado abultado de 4 a 1. Y ese día Independiente de Avellaneda fue campeón y yo feliz, había logrado ver lo que por esos tiempos era increíble para mi.
El tiempo fue pasando y el fútbol tomo otro color, se dejo atrás esa necesidad de vivir por el fútbol y comenzaron las obligaciones de la vida y con ella la relativización del mismo. Claro que siempre será el deporte más lindo del mundo y por el cual muero por jugar, pero ya no provoca en mi amargura determinadas situaciones del resultado, ya que se que siempre los jugadores de mi club o mi selección quieren ganar, solo que a veces no se les da y a mi no me importa ya que sean los mejores del mundo, apuesto a que mi país sea reconocido por otras cosas antes que por eso.
Atrás quedaron los tiempos en que un jugador argentino era el top scorer de la liga italiana o española, ahora nos contentamos con cosas más simples. Pero amen de esa situación es claro que el fútbol ha cambiado mucho en mi percepción, ya que dejo de ser lo idealista que era. Recuerdo cuando a mis diecinueve años me subí a un tren de Mar del Plata a Buenos aires, baje en la estación Avellaneda y fui a las cinco de la mañana a la cede del club de mis amores, Independiente de Avellaneda, a buscar una entrada para ver el partido entre mi club y Huracán de Parque Patricios. Mientras caminaba un hombre salio a la calle y me llamo. Era el año 1994 y yo me manejaba como en el patio de mi casa, al verme me intercepto y me demostro que era innecesario exponerme a tanto peligro, lo recuerdo aun hoy…”nene con ese bolso sos carne de cañón, sos una papa para el chorreo”… y acto seguido se corrió y me indico que pasara a la matera y así en minutos me encontré charlando con hombres gastados que tenían su recreo en un frigorífico clandestino. Esas cosas no se olvidan jamás. ...Y vos pibe que andas haciendo por acá?, me pregunto uno buscando su mejor léxico. Aun en las peores situaciones siempre es posible que la suerte se acuesta de tu lado. Ya una hora más tarde y con el alba en la cara es que me dieron el permiso de continuar mi aventura por las calles de Avellaneda. Fui a la cede del club y me informe sobre los horarios en los que se venderían las entradas, por esos tiempos Internet no era algo común y por ello las entradas se vendían pura y exclusivamente por ventanilla. Me fui a lo de Andrés en Belgrano “R”, lo espere y nos fuimos a recorrer un poco Buenos Aires. Hacia casi trece años que no estaba en esa ciudad y por lo tanto fue un descubrirla, un emocionarse e imponerse ante la magnitud de la misma. Los autos, la gente y el ritmo, todo nuevo y distinto. A la medianoche me fui para la sede nuevamente, a esa altura ya habían dos cuadras de cola, toda la noche del viernes cantando y cantando con gente de todas partes, cumpliendo mi ilusión y mi sueño de ver al diablo en casa en búsqueda de ser nuevamente campeón. Las boleterias se abrieron y una marea de gente fue moviéndose, no faltaron los disturbios, la policía montada regalando algún que otro bastonazo, pero al fin con “popular” en mano regrese feliz a Belgrano “R”. Al otro día temprano a la cancha, la emosión de toda esa ola roja invadiendo los ojos y el silbato inicial. El partido una anécdota aparte, el movimiento de la cancha, la gente saltando y un resultado abultado de 4 a 1. Y ese día Independiente de Avellaneda fue campeón y yo feliz, había logrado ver lo que por esos tiempos era increíble para mi.
El tiempo fue pasando y el fútbol tomo otro color, se dejo atrás esa necesidad de vivir por el fútbol y comenzaron las obligaciones de la vida y con ella la relativización del mismo. Claro que siempre será el deporte más lindo del mundo y por el cual muero por jugar, pero ya no provoca en mi amargura determinadas situaciones del resultado, ya que se que siempre los jugadores de mi club o mi selección quieren ganar, solo que a veces no se les da y a mi no me importa ya que sean los mejores del mundo, apuesto a que mi país sea reconocido por otras cosas antes que por eso.
3 comentarios:
Martín: Gracias por tu mensaje en mi blog. Es increíble, pero has hecho una radiografía casi perfecta de mi persona.
La historia que contás respecto de aquel partido de 1994 me toca de cerca por dos cosas. Una, porque vi ese partido en la cancha. Yo no soy ni de Independiente ni de Huracán, pero fui con unos amigos de Huracán a la visitante.
Y segundo, porque esa "locura" que hiciste aquel día me identifica. Soy hincha de Tristán Suárez, un equipo de primera B, y voy a verlo todos los partidos, de local y de visitante desde hace 20 años. Imaginate la cantidad de anécdotas que tengo.
Un abrazo.
Que bonitas palabras sobre el fútbol, hermano! Me encanta la manera como escribes sobre un tema tan importante también para nosotros, brasileños. Aunque dicen que somos enemigos, no veo así. Solo tenemos maneras diferentes de jugar (las dos muy hermosas) y mucha disposición para el chiste. Tienes aquí un amigo apasionado por el fútbol. Un abrazo desde Brasil.
Bueno, soy gallina... y qué??? Jajajaja!!!
Sabés??? Mientras te leía, sentí que podía ver todo a través de tus palabras.
Siempre soñé con poder ver un super clásico entre River y Boca, en la cancha de Núñez, pero toda esta locura que lleva el fanatismo, arrasó con mi sueño.
Me identifiqué con tu post porque soy muy nostálgica, y aún miro con envidia, fotos antiguas donde la familia iba, a pleno, a disfrutar de un buen partido.
Hoy no se puede.
También me pasa que ya no me interesa cómo anda mi equipo, si bien me tengo que comer las bromas, mi objetivo de vida, más todo lo transitado, me llevan hacia otros horizontes.
Uhhh, me copé con el comentario!!!
Bueno, mejor te dejo un saludo!!
Me gustó mucho este blog, y el otro que vi en tu perfil, y te felicito por ambos!!!
Un beso!!! Y feliz 2010!!!
:)
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